CAPÍTULO 78
Matilde pasó la noche entera en uno de los bancos de madera astillada de la sala de espera de la comisaria central. A pesar de que Augusto, en el momento de su detención, le había suplicado con la mirada que se marchara a casa con Teresa, ella se había negado en redondo. Teresa se había quedado con ella hasta la madrugada, pero finalmente Matilde la había convencido de que fuera a descansar para poder traer noticias de los abogados al amanecer.
Cuando los primeros rayos de un sol pálido empezaron a filtrarse por los ventanales enrejados, un oficial de facciones rudas se acercó a ella.
— Señora de la Vega —dijo el hombre, usando el apellido que a Matilde le devolvió un poco de orgullo en medio del desastre— el comisario ha autorizado una visita breve antes del traslado para la declaración inicial. Sígame.
Matilde se puso de pie, sintiendo que sus piernas pesaban como plomo. Caminó por un pasillo estrecho flanqueado por puertas de hierro hasta llegar a una habitación pequeña y fría, dividida por una mesa de metal atornillada al suelo. Un momento después, la puerta del otro lado se abrió y apareció Augusto.
No llevaba las esposas puestas, se había quitado la corbata y la chaqueta, y su camisa blanca estaba desabrochada en el cuello, pero mantenía la espalda tan recta y la mirada tan fiera como si estuviera presidiendo una junta de accionistas. Al ver a Matilde, su expresión de dureza se quebró por un instante, dejando paso a una angustia profunda.
— Matilde… te pedí que te fueras —dijo él, sentándose frente a ella.
— No podría haber dormido ni un segundo sabiendo que estabas aquí —respondió ella, extendiendo sus manos sobre la mesa para buscar las de él. Augusto las tomó, y el calor de su piel fue el primer consuelo que Matilde sintió en horas— ¿Cómo estás? ¿Cómo está Carlos?
— Carlos está destrozado, pero no por la celda —Augusto apretó los dientes, y una chispa de furia cruzó sus ojos— Está destrozado por la traición. Matilde, la prometida de Carlos robó los documentos originales donde me declaran como heredero . El fiscal tiene una copia falsa de ese testamento.
Matilde se inclinó hacia adelante, con el corazón martilleando.
— ¿Cómo recuperamos ese documento?. Necesito saber a qué nos enfrentamos para poder ayudarte. ¿Qué debo hacer, Augusto?
Augusto suspiró, bajando la voz para que el oficial que vigilaba en la puerta no pudiera captar los detalles.
— No se quien tendrá esos papeles ahora, o si todavía existen. Hay que probar que los documentos que presentaron para la denuncia son falsos.
— Clara, la amiga de Elena —susurró Matilde, comprendiendo de golpe la melancolía de Carlos en la fiesta.


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