CAPÍTULO 82
Transcurrieron casi tres agobiantes horas de angustiosa espera antes de que el oficial regresara finalmente al mostrador, sosteniendo entre sus dedos amarillentos una hoja de papel arrugada y desgastada por el paso inclemente del tiempo.
— No hay absolutamente nada registrado sobre un asalto heroico —anunció el hombre con tono seco, dejando caer el ajado documento sobre la barra de madera gastada— Pero tenías razón en un detalle particular. Arthur Thorne fue efectivamente detenido por participar en una pelea en un callejón tres días después de la fecha que ustedes mencionan. En su declaración oficial, intentó librarse del calabozo alegando que su adinerado tío, Julian, se haría cargo de pagar su fianza y saldar sus deudas de juego. Sin embargo, ese tío nunca se presentó a responder por él.
Matilde sintió un vuelco helado en el pecho al escuchar los detalles expuestos por el oficial.
— ¿Y cómo terminó todo aquel procedimiento? —inquirió rápidamente, dando un paso hacia adelante.
El oficial negó con la cabeza en un gesto lento de desaprobación y amargura.
— No pasó nada, como ocurre con la mayoría de las cosas en este lugar —respondió bajando aún más la voz para no ser escuchado por los demás agentes— Si no hay una figura poderosa o con suficiente dinero presionando detrás de las denuncias, los expedientes simplemente terminan cayendo en el olvido, acumulando polvo en un cajón.
A primera vista, la información obtenida no parecía determinante; no constituía el registro formal del robo que probara de forma concluyente la inocencia de Augusto, sino más bien una simple constancia del carácter turbulento y delictivo del sobrino de Thorne.
Minutos después, las tres mujeres abandonaron el edificio de la comisaría.
— Esto no nos sirve de mucho —comentó Teresa con un tono de voz profundamente desanimado mientras caminaban a buen paso hacia la acera mojada— Que Arthur fuera un delincuente común en el pasado no demuestra que Augusto no haya manipulado al tío tiempo después para su propio beneficio. Debemos seguir buscando pruebas verdaderamente contundentes.


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