CAPÍTULO 84
El comisario de la comisaría central de la ciudad portuaria era un viejo conocido, un hombre que en su juventud había quedado prendado de la belleza incipiente de Clara, pero que años más tarde había sucumbido ante el fuego devorador de Elena Duval.
El teléfono en el salón de Elena sonó con insistencia.
— Dime —sentenció ella, sin protocolos.
— Elena, querida… soy yo —la voz del comisario llegó rasposa, filtrada por la mala conexión del puerto— Tu pequeña amiga Clara ha vuelto a casa. Y no está sola.
Elena se enderezó, apretando el auricular contra su oído. Una chispa de furia iluminó sus ojos. Ella ya sabía la respuesta.
— ¿Están ahí? ¿Qué están haciendo?
— Han estado en la comisaría esta mañana —relató el hombre, soltando una bocanada de humo que Elena pareció oler a través del cable— Clara intentó usar sus viejas mañas con uno de mis oficiales. Están buscando el registro de aquella noche. El mismo asunto que te trajo a ti semanas atrás.
Elena soltó una risa amarga y cargada de desprecio.
— Esa tonta de Matilde… Cree que la justicia es un cuadro que se puede restaurar con un poco de paciencia. ¿Qué les dijiste?
— Yo no estaba allí, pero mis órdenes son claras —respondió el hombre con suficiencia— El comisario de turno las despachó con un par de evasivas. Pero lo más importante, Elena, es que les aseguro que no conseguirán nada. No hay nada escrito sobre lo sucedido esa noche. Julian Thorne era un hombre que odiaba el ruido. No quiso denuncias, no quiso nombres en los diarios. Yo mismo me encargué de que el libro de guardia de esa semana "se perdiera". No hay rastro de Augusto de la Vega en mis archivos. Para la ley de este puerto, ese robo nunca ocurrió.
Elena guardó silencio un momento, tamborileando sus uñas pintadas de carmín sobre la mesa. La seguridad del comisario, en lugar de calmarla, la inquietó. Ella conocía a Clara; sabía que la mujer que ahora amaba a Carlos estaba desesperada por redimirse.
— No seas estúpido —siseó Elena— Matilde Valente tiene el dinero de su marido y la autoridad de su familia, o lo que quede de ella. Si no encuentran un papel en tu comisaría, irán a las aduanas, a los hospitales, a las tabernas.
— Los testigos allí tienen mala memoria por naturaleza —insistió el comisario— Además, Enrique me ha prometido una generosa compensación si este asunto se mantiene bajo llave. No tienes de qué preocuparte.

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