CAPÍTULO 30
Alexander no aguantó más. Dejó a Lucía en la mansión y salió sin dar explicaciones, subiéndose a su Aston Martin con la necesidad imperiosa de huir.
Conducía sin rumbo fijo por la autopista, aturdido por la velocidad y por sus propios pensamientos. Tenía celos. Y lo peor de todo es que su mente lógica le gritaba que no tenía derecho a tenerlos. Era un contrato. Era una farsa. Ella era libre de amar a quien quisiera, siempre que fuera discreta.
Pero su corazón, ese órgano traicionero que había permanecido inactivo durante una década, le decía que eso no podía ser cierto. Que ella era suya.
— Maldita sea —gruñó, golpeando el volante.
Había tomado una decisión estúpida esa mañana: finalmente no mandó a colocar la cama supletoria en el cuarto. Una parte de él, la parte masoquista, quería seguir durmiendo cerca de ella, aunque fuera para vigilarla. Pero ahora, con la sangre hirviendo, sabía que no podía volver a esa habitación. No quería dormir allí. No quería escucharla respirar sabiendo que soñaba con otro.
Necesitaba ruido. Necesitaba alcohol. Necesitaba recordar quién era Alexander De la Vega antes de que Lucía Flores pusiera su mundo patas arriba.
Su teléfono vibró en la consola central. Era un mensaje de Esteban, un antiguo amigo de la universidad que estaba de paso por la ciudad.
[Estoy en "The Vault". Ven. No acepto un no]
Alexander sonrió con cinismo. Era justo lo que recetaba el doctor.
Viró el volante y se dirigió hacia el distrito de ocio nocturno.
"The Vault" era el club más exclusivo de la ciudad, ubicado en el sótano de un antiguo banco. Al llegar, la escena era la habitual: una fila enorme de gente hermosa y desesperada intentando convencer a los porteros de que merecían entrar.
Alexander detuvo su coche justo en la entrada VIP. El valet parking corrió a abrirle la puerta.
Él no hacía fila. Ni bien los de seguridad vieron su silueta recortada contra las luces de neón, abrieron el cordón de terciopelo rojo.
— Buenas noches, Señor De la Vega. Su mesa de siempre está disponible si la desea.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.