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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 59

Capítulo 59

- Si tú lo dices... -Esteban se encogió de hombros y señaló con la barbilla hacia un grupo de mujeres en la mesa contigua-. De todas formas, mejor para nosotros que sea una fachada. Esas mujeres de allí no nos quitan la mirada de encima desde que llegaste. Creo que la rubia te conoce.

Alexander miró con desinterés. Si, eran guapas.

Perfectas. Disponibles.

Pero le parecieron... insípidas.

No tenían el fuego de Lucía. No tenían esa mirada desafiante que le decía "no te tengo miedo". Eran fáciles. Y Alexander, de repente, se dio cuenta de que lo fácil le aburría soberanamente.

-¿Y Julieta? -preguntó Alexander de repente, cambiando de tema para no pensar en su esposa.

La mención de su amiga de la infancia hizo que Esteban cambiara la expresión.

- ¿Julieta? -Esteban se rió, pero sin alegría-. Ya no estamos juntos.

- ¿Rompieron otra vez? -Alexander sabía que Esteban y Julieta habían tenido una relación intermitente y tóxica durante años.

- Definitivo esta vez. Ella quería cosas que yo no puedo darle. Compromiso, estabilidad... ya sabes.

Lo que tú supuestamente tienes ahora. -Esteban levantó su copa-. Estoy soltero, amigo. Libre como el viento. Y no sé tú, pero yo voy a disfrutar de la noche.

Alexander asintió, pensativo.

- Hace mucho que no sé de ella.

- Deberías llamarla -dijo Esteban-. Pregunta por ti a veces. Creo que todavía le duele que te casaras con la "desconocida" en lugar de insistir con ella. Pero bueno, agua pasada. ¡Salud!

- Salud.

La música subió de volumen. Las mujeres de la mesa contigua, envalentonadas por las miradas, se acercaron.

- Hola, Alexander -dijo la rubia, rozando su brazo -. ¿Te acuerdas de mí?

Alexander la miró. Vagamente. Quizás un verano en Ibiza. Quizás una fiesta de fin de año.

- Claro -mintió.

- ¿Bailamos?

Alexander miró la pista. Miró a la mujer. Miró su copa vacía.

Intentó disfrutar la noche. Intentó ser el Alexander de antes, el que se dejaba llevar por la lujuria y el momento. Siempre tenía a las mujeres que quería.

Dejó a la mujer con la boca abierta y subió a la zona VIP.

- ¿Ya te vas? -preguntó Esteban, sorprendido-.

Apenas empezamos.

- Tengo una junta mañana temprano. La junta de accionistas.

- Ah, claro. El deber llama. -Esteban le dio una palmada-. Salúdame a tu "fachada". Y dile que tiene suerte.

Cuando llegó, la casa estaba a oscuras.

Abrió la puerta de su habitación con cuidado.

Lucía estaba dormida en el centro de la cama, acaparando todo el espacio, con el edredón enredado en las piernas.

Alexander se quedó mirándola desde el umbral.

La odiaba un poco por hacerle sentir esto. Por hacerle sentir que ninguna otra mujer valía la pena.

Se quitó la ropa, se puso el pijama y, tragándose su orgullo y su promesa de distancia, se metió en la cama junto a ella.

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