Capítulo 61
Alexander soltó una carcajada genuina, la primera en días.
- ¿Acaso no investigaste con quién te estabas casando, Lucía Flores? Cualquier mujer en tu posición habría pedido un informe financiero completo antes de firmar el prenupcial.
- La verdad, no -admitió ella, encogiéndose de hombros-. Es mi defecto más grande: confiar en los demás. O quizás, simplemente no me importaba tu dinero, solo necesitaba huir de mi realidad ese día.
-¿No escuchaste la historia de mi abuelo del puerto ayer?
- Sí, la de los veinticinco dólares y las telas.
- Es eso, básicamente. Logistica y comercio global. Nos encargamos de comprar contenedores y luego venderlos.
- ¿Contenedores de qué?
- De lo que se te ocurra. -Alexander hizo un gesto vago con la mano-. Acero, granos, componentes electrónicos, textiles. Movemos el mundo, Lucía. Compramos barato en un continente y vendemos caro en otro. Somos los intermediarios necesarios.
Esa información no era suficiente para Lucía, le parecía demasiado abstracto, pero prefirió no seguir preguntando. Su mente estaba en otro lado, preocupada por si debía hablar o simplemente sonreír.
Al llegar a la Torre Vega, el ambiente era eléctrico.
Empleados corrían de un lado a otro, y la seguridad estaba reforzada. Subieron en el ascensor privado hasta la planta ejecutiva.
Antes de entrar a la sala de juntas, Alexander detuvo a Lucía tomándola del codo suavemente.
- Escucha -le susurró, acercándose a su oído-.
Seguramente va a estar,Fernando ahi dentro.
Lucía se tensó.
-¿Fernando?
- Sí. Es el director legal de la empresa, tiene que estar presente para validar las actas. -Alexander le apretó el brazo con un gesto de apoyoIgnóralo. Si te mira mal, si intenta acercarse, me lo dices. No voy a permitir que te incomode en mi propia sala de juntas.
Lucía asintió, agradecida por la advertencia y por la protección, aunque viniera de un esposo celoso.
- Estaré bien. Vamos.
Entraron.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.