Capítulo 66
- Pero Lucía...
- Ella no estará sola -explicó Augusto, bajando la voz-. ¿Crees que soy senil? Sé que ella no sabe leer un balance de situación todavía. Pero trabajará a la par de Alexander. Él no dejará que la empresa se hunda, es su orgullo. Y al poner a Lucía al mando, obligo a Alexander a trabajar con ella. Codo a codo. Día y noche. Tendrá que enseñarle, tendrá que protegerla, tendrá que...
admirarla.
Matilde lo miró, empezando a comprender la jugada. No era una estrategia financiera. Era una estrategia emocional.
- Tengo mis dudas -murmuró ella-. Es arriesgado. Si Alexander se rebela...
- No lo hará. Alexander protege lo que es suyo. Y ahora, la empresa y Lucía son el mismo paquete.
Matilde se quedó en silencio unos minutos, observando el perfil de su esposo. Había algo más. Augusto estaba demasiado confiado.
- Creo que lo que te preocupa a ti, en el fondo, no es su capacidad -dijo Augusto, leyéndole el pensamiento-. Lo que te preocupa es ese contrato entre ellos.
Matilde se tensó visibiemente.
-¿Qué contrato?-preguntó, intentando fingir ignorancia. Ella sospechaba, intuía, pero nunca se había dicho en voz alta.
Augusto la miró con una ceja alzada, esa mirada que decía "no me mientasa mí".
- Matilde, por favor. No insultes mi inteligencia.
Conozco a la perfección cada detalle del contrato de matrimonio de ese par.
Matilde abrió la boca, sorprendida.
- ¿Lo sabes? Pero... estabas en coma.


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