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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 77

Capítulo 77

CAPÍTULO 41

Lucía observaba los números cambiar en el panel digital, aferrándose al asa de su bolso como si fuera un salvavidas.

- Lo hiciste bien ahí arriba -dijo él, rompiendo el silencio cuando pasaban por el piso 20-. No dejaste que te vieran temblar. Esa es la regla número uno.

Lucía soltó el aire que contenía.

- Temblaba por dentro, Alexander. Sentí que iba a vomitar sobre la mesa.

- Nadie lo notó. Y la firma... fue un buen toque. - Alexander la miró de reojo, admirando el perfil de su esposa-. Ahora solo queda salir del edificio, subir al coche y podrás encerrarte en tu clínica a leer hasta que te sangren los ojos.

El ascensor llegó a la planta baja con un suave tintineo. Las puertas de acero pulido se deslizaron para abrirse.

Lucía dio un paso adelante, esperando ver el vestíbulo tranquilo y fresco de siempre, con el sonido distante de los teléfonos y el murmullo de los empleados.

Lo que encontró fue un muro de luz y ruido.

- ¡Ahí está!

- ¡Señora De la Vega! ¡Señora De la Vega!

- ¡Una foto, por favor!

- ¡Señora Presidenta!

Un estallido de flashes cegadores la golpeó en la cara, obligándola a retroceder instintivamente hacia el interior de la cabina. El vestíbulo de VegaCorp se había transformado en una zona de guerra mediática. Había docenas de periodistas, camarógrafos con equipos pesados y reporteros con micrófonos extendidos como lanzas, todos agolpados contra el cordón de seguridad que los guardias intentaban mantener a duras penas.

Lucía se cubrió los ojos, aturdida.

¿Qué es esto? -gritó para hacerse oír sobre el estruendo.

Alexander reaccionó al instante. Su cuerpo se tensó y se colocó delante de ella, bloqueando la visión de las cámaras con su espalda ancha. Su rostro, que segundos antes estaba relajado, se transformó en una máscara de furia gélida.

Escaneó el vestíbulo buscando al responsable. No tardó en encontrarlo.

Cerca de la salida giratoria, de pie junto a una columna como si fuera la directora de orquesta de aquel caos, estaba Elisa. La esposa de Rodrigo sonreía con una satisfacción maliciosa, fingiendo preocupación mientras hablaba con un periodista de un medio financiero importante.

Alexander comprendió la jugada en un milisegundo. Era una emboscada. Una ejecución pública. Elisa sabía que Lucía no tenía experiencia, que no sabía nada de la empresa y que probablemente se congelaría o diría una estupidez que haría caer las acciones antes de que la bolsa cerrara.

- Quédate aquí -le ordenó a Lucía.

Capítulo 77 1

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