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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 89

Capítulo 89

- ¿Le ganó una discusión a Rodrigo sobre logística naval? -Alexander soltó una risa incrédula-. Eso es algo muy sencillo, Damián. Rodrigo es un imbécil y solo mira el corto plazo. Lucía probablemente usó el sentido común: cliente feliz vale más que combustible ahorrado. Eso no es alta dirección.

- Cierto, señor. Pero eso no fue lo único.

- ¿Qué más hizo? ¿Organizó el menú de la cafetería?

- No, señor. A las dos de la tarde, la señora Lucía cerró el trato con Naviera Santos.

Se quedó inmóvil, procesando las palabras.

- - Repite eso.

- La señora Lucía adquirió Naviera Santos. Firmó el contrato de fusión por absorción hace una hora.

- Es imposible -susurró Alexander, sintiendo un golpe en el ego que le sacó el aire-. Llevo ocho meses peleando por esa empresa. Ocho meses, Damián. Los dueños, los hermanos Santos, son unos viejos tercos que se negaban a venderme. Me tiraron las ofertas en la cara tres veces. Dijeron que VegaCorp era un monstruo sin alma que desguazaría sus barcos Alexander conocía ese negocio como la palma de su mano. Naviera Santos era una empresa familiar pequeña pero estratégica. Poseían una flota de buques de calado medio, perfectos para entrar en puertos fluviales donde los supercargueros de VegaCorp no cabían. Comprar esa empresa era la clave para dominar el mercado de distribución interna en el continente Alexander había ofrecido una fortuna. Había ofrecido acciones preferentes. Había amenazado con una OPA hostil. Y nada había funcionado. Los Santos lo odiaban.

- ¿Cómo lo hizo? -exigió saber Alexander--. ¿Les ofreció el doble? ¿Les prometió la luna? Si pagó de más, voy a impugnar ese contrato por mala gestión.

- No pagó de más, señor. De hecho, cerró el trato por un 10% menos de su última oferta.

Alexander se sentó en el sillón, aturdido.

- No tiene sentido. Explicate.

- Al parecer, la señora Lucía se reunió con ellos sin abogados. Solo ella y los hermanos Santos. Les habló de... legado.

- ¿Legado?

- Sí. Los Santos no querían venderle a usted porque temían que despidiera a sus empleados antiguos, a los capitanes que llevaban cuarenta años con ellos. Usted siempre habló de "eficiencia" y "recortes". La señora Lucía les habló de "familia".

Les garantizó por escrito que no habría despidos masivos en los primeros cinco años y que se mantendría el nombre Santos en la flota fluvial como una subsidiaria de honor. Les dijo que entendía lo que era amar algo que uno construyó desde cero, porque ella construyó su clínica así.

Alexander cerró los ojos.

La humanidad.

Esa maldita humanidad de la que hablaba su abuelo.

- ¿Firmó? -preguntó Alexander, con la voz tensa -. ¿Ya firmó el contrato de compraventa?

- Sí, señor.

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