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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 116

VALERIA

Mi corazón estaba en un hilo, conmocionada, sin embargo, no me podía quedar sentada a ver como Aldric luchaba a muerte con el Rey Vampiro, debía reaccionar, yo también tengo mi propio poder.

Me levanté del suelo, el lujo de desmayarme era algo impensable, tenía que salvar a mis amigos, teníamos que salir todos de aquí.

“Soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte”

Me repetía en mi mente una y otra vez, mientras me incorporaba y me abalanzaba sobre los vampiros que ya luchaban contra Quinn y Celine.

Ellos estaban con sus poderes restringidos por esos horribles collares y luchar contra tantos vampiros de primera élite no era algo sencillo.

Con la máxima velocidad que pude reunir fui a por la cabeza del primero, mis uñas salieron afiladas y mortales y un siseo asesino se escapó de entre mis labios.

— ¡Aaww maldici0n, cuidado con la Selenia! – le gritó a los otros, apenas esquivando mis garras que le destrozaron el pecho por donde la sangre comenzó a brotar.

El olor de la matanza, activando mis sentidos violentos, no podría contra el Rey Vampiro, no como estaba ahora, pero sí podía acabar con sus secuaces.

— ¡Aahh! – escuché el alarido de Celine mientras me movía entre ellos como una sombra, rápida y certera.

Tres de ellos me intentaban capturar como a una bestia.

Mis ojos rojos se fijaron entonces en Celine, que cayó de rodillas, agarrándose con fuerzas el collar con las manos y una expresión de agonía en el rostro.

Era ese maldito hechizo.

Esquivando sus ataques, aleteando y bajando mis punzones en medio de sus rugidos de odio, miré hacia la pelea del Rey Vampiro con Aldric.

Se estaban arrancando literal los pedazos, no creía que el Rey Vampiro tuviese tiempo para activar el hechizo en mis amigos, Aldric no le estaba dando tregua.

Entonces, ¿quién era?

— ¡Celine! – Quinn rugió corriendo hacia su hermana, pero también cayó en el suelo, agonizando, llevándose las manos al cuello como si no pudiese respirar.

— ¡¿Quién es de ustedes, cabrones?!, ¡¿QUIÉN?! – les grité enfurecida en esta forma de Selenia, que ni siquiera sabía que podía hablar.

Mi voz de ultratumba rara y desconocida salió de mi pecho, haciéndolos estremecerse.

La sangre salpicaba a mi paso, clavando mis garras en su carne, haciéndolos trizas, llena de rabia.

Desaparecía de un sitio y aparecía en la espalda de otro, arrancando gargantas y cabezas, hasta que los tres vampiros que me impedían el paso cayeron muertos a mis pies.

Sin embargo, me quedaban dos más, no podía encontrar a esas ratas, miraba a todos lados, frenética.

— ¡Búsquenlos, búsquenlos y encuéntrenlos para mí!, ¡¡AHORA!! – grité subiendo mis brazos e invocando mi magia, lo que fuese necesario, la impotencia de perder a mis seres queridos hacía explotar todo mi potencial.

Una onda de energía mágica salió de mi cuerpo creando un fuerte viento.

Niebla oscura con cuervos aleteando en su interior como una bandada de la muerte se liberaron del colgante y comenzaron a volar por el aire.

Cazadores en busca de su presa.

Los perseguí mientras ellos corrían, le envié a mis cuervos para que los atormentaran, clavando sus garras y sus picos afilados, hasta que llegaron al fin de un puente y solo una caída al vacío los esperaba.

Mis pies tocaron el suelo, estaba bañada en sangre. Sangre de las Selenias, sangre propia, sangre de los vampiros, todo mi mundo era rojo y negro.

— ¡Si nos haces algo, vamos a tirar la llave, sin esto nunca podrás salvar a esos pulgosos!

Se atrevieron a amenazarme mostrándome una antigua llave negra colgando de una cadena plateada que ahora mismo se encontraba suspendida en el aire sobre el vacío.

— Entonces, ¿qué quieres para darme la llave? – le pregunté con burlas, de verdad, no veía el momento de arrancarles los ojos con mis propias garras.

— Sácanos de aquí, ahora mismo, sácanos de este maldito lugar o dinos como irnos y te dejaremos esto a cambio – dijo el que no tenía la cadena - ¡Si nos engañas, arrojaremos esto a la cascada!

— Bien, me parece justo – le dije asintiendo con sarcasmo para luego darles una sonrisa siniestra cargada de maldad

— La salida está justo detrás de su espalda, caballeros, si saltan llegarán a su Reino Oscuro, al mismo lago por donde entramos.

— ¡¿Qué?! ¡¿Te crees que somos idiotas?! ¡Tienes tres segundos para convocar tu hechicería de m****a, Selenia o dalos por muertos, a esta altura deben estarse al morir quemados desde adentro, cada segundo que pases haciéndote la valiente significa menos tiempo para ellos!

— Me parecen muy justos tres segundos, comencemos a contar. Uno… — di un paso con decisión hacia ellos que se aterraron, el temblor en sus cuerpos era evidente – Dos…

— ¡Lo creas o no vamos a arrojar la llave…! ¡LO HAREMOS, APÁRTATE, NO TE ACERQUES MÁS!

— Tres… — pronuncié el último segundo haciéndome uno con el viento, abalanzándome sobre ellos como solo un borrón que a penas sus ojos pudieron distinguir.

Con un chillido que salía del fondo de mi garganta anuncié sus muertes cuando mis dos manos se hundieron en sus pechos, atravesando la piel, músculos y tendones hasta llegar a ese órgano que impulsaba sus vidas.

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