VALERIA
— Nunca les mentí, pueden abandonar este lugar cayendo por el abismo, solo que no les aseguré que podían hacerlo con vida – miré a sus ojos llenos de terror, de resentimientos, de asombro, porque no les di tiempo ni a defenderse.
Tomé sus corazones con fuerza en mis manos y los saqué de sus pechos haciéndolos una pulpa entre mis garras.
Cayeron de espaldas, por el borde del puente, extendí mi mano llena de escoria sanguinolenta y agarré en el aire la cadena que brillaba con la llave colgando de ella.
— Espérame amor, ya voy a ayudarte – volé de regreso donde estaba nana para liberar a Quinn y Celine.
Solo nos quedaba un enemigo, pero el Rey Vampiro, rendía por un ejército de vampiros.
*****
— Aquí está la llave – descendí enseguida, arrodillándome entre ellos, apretando mis puños al ver la condición de sus cuerpos.
Estaban muy malheridos, su piel casi en carne viva, no me imagino lo que hubiese sucedido si no hubiese podido obtener la liberación de sus cadenas.
— Ábrelas, deprisa, la chica está más mal – nana me instó y lo hice, sin poder evitar el temblor en mis dedos, introduje la llave y con crac quedó liberada.
La expresión de Celine me lo dijo todo, pobrecita, estaba con los ojos cerrados, el rostro casi irreconocible por las heridas, pero un suspiro de alivio salió de su boca en cuanto le retiré la pesada gargantilla de su cuello magullado.
Luego hice lo mismo con Quinn, que era más fuerte, pero igual estaba todo quemado.
— Ve… ayuda al Rey Lycan… olvídate de nosotros… ya estamos… bien… —tomó mi mano de repente, mirándome con esos ojos avellanas llenos de decisión y valentía.
— Quinn… — casi lloro, de verdad, me sentía tan culpable de haberlos arrastrado hacia toda esta locura conmigo.
— Ve, Valeria, ve a cumplir con tu destino, no te preocupes por ellos, yo los sostendré con algo de magia – nana me dijo dando un suspiro.
La miré con ojos agradecidos, a veces no me podía creer que simplemente esta anciana, era la materialización de un poder, parecía tan compleja como un ser humano real.
La magia era algo increíble, también entendí que todo lo que convocaba venía de ella, estaba dividiendo sus fuerzas, fragmentándose para poderme apoyar en todo.
— Gracias, nana, gracias – extendí mi mano y tomé la suya, pequeña y arrugada, fría, sin esa calidez de los seres vivos.
— No frunzas el ceño, pronto vendrá la mayor ayuda, sabrás qué hacer por instinto. La cachorra, tu prioridad es cuidar de ella, no lo olvides – sonrió misteriosamente y me ayudó a levantarme.
Aldric resistía el ataque de sus garras de frente, mientras lo alzaba, alejándolo de mí.
Luché tomando mi propia muñeca con la otra mano e intentando sacarla de su espalda, mis ojos llenos de asombro viendo el agujero que había creado para llegar hasta su corazón, cerrándose deprisa, curándose a la velocidad de un pestañeo.
— ¿No querías sacarme el corazón, princesita, veremos si no te corto la mano en el proceso? – una voz viciosa se escuchó por encima de mi cabeza.
Aldric rugió dándole un fuerte tirón hacia él, mientras yo sacaba mi mano con toda la fuerza que pude reunir y caí de espaldas, sentada en el suelo.
Había perdido todas las garras de esa mano, destrozadas y en carne viva, como si hubiesen estado metidas dentro de un líquido corrosivo, ¿qué tenía ese maldito engendro en el cuerpo?
— ¡Aldric, maldición!
Aldric tenía una fea herida en su pecho, había bajado la guardia para poderme salvar, las cosas no estaban saliendo como yo pensaba y la energía de mi lycan no era inagotable, sin embargo, si el Rey Vampiro se seguía curando a esa velocidad, ¿hasta cuánto podría Aldric aguantar?
Nana tenía razón, solo una Selenia poderosa, obviamente más que yo, que ni siquiera tuve buena nutrición, era la que podía acabar con este enemigo.
¡Espera, el corazón…! ¿¡Dónde está el corazón de las Selenias?!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...