GABRIELLE
Escucho el susurro de la ropa siendo quitada, me imagino ese poderoso, alto y trabajado cuerpo al desnudo.
Por alguna razón las ansias de ver cada centímetro de su piel invaden mis sentidos, fantaseo en cómo será su miembro masculino, la forma, el color, el tamaño y trago ante lo que mi mente caliente me va mostrando.
Bajo la cabeza algo avergonzada, debo controlarme o mi olor va a delatarme, somos mates y como mismo ese aroma lujurioso a manzana y miel está provocándome, sé muy bien que él sentirá mis deseos.
El lazo entre compañeros es algo demasiado serio, ni siquiera conozco a este hombre, pero me siento irremediablemente atraída hacia él.
Sus pasos descalzos resuenan en las baldosas, decido levantarme y mostrar autonomía, estoy ciega ¿y qué? No soy una inútil que ni un baño puede darse.
Sin embargo, al levantarme demasiado rápido de la banqueta y dar un paso adelante, mi pie resbaló con la humedad que creaba el vapor en el ambiente.
Perdí la estabilidad cayendo hacia delante, buscando desesperadamente donde agarrarme, no conocía este sitio, manoteé en el aire sin nada a que afianzarme.
Me preparé para un golpe que nunca llegó. Mis manos al fin se anclaron a unos fuertes hombros.
Mi cintura fue agarrada posesivamente por unas manos grandes y varoniles, mis senos contra su pecho y en mi sensible vientre palpitaba algo caliente y semi erecto.
Casi gimo de placer cuando la punta de mi nariz rozó con la húmeda piel tan dulce, que provocaba pasarle la lengua y devorarla.
Ay Diosa, que me estaba haciendo este hombre.
— Gracias – le dije en voz baja, intentando separarme un poco, con las palmas de las manos sobre su pecho.
— Dime Gabrielle, ¿por qué te cuesta tanto que te ayude?, ¿tan desagradable es estar emparejada conmigo? – su voz susurró sobre mi cabeza, mientras sus manos apretaban más fuerte mi cintura sin dejarme escapar y acariciaban lento mi espalda baja.
Pensé en decirle algo desagradable, nunca me gustó dar explicaciones de mis actos a nadie, pero por alguna razón, el tono triste en su voz me hizo detenerme.
No quería herirlo innecesariamente, tampoco era tan perra y malagradecida.
— Yo… siempre he estado acostumbrada a hacer todo sola, nunca me ha gustado depender de otros – confesé contra su pecho y me quedé callada por unos segundos.
Aún quedaba una respuesta que dar, pero apreté mis labios y no dije nada, solo pensé en mi interior.
“Claro que no es desagradable, cualquier mujer moriría por ser tu mate. El problema no eres tú, soy yo”
Él estaba esperando mi respuesta, lo sé, sin embargo, al cabo de unos segundos, solo suspiró y se inclinó para cargarme de nuevo al estilo princesa.
— Yo puedo…
— Ya sé que puedes, que eres una súper poderosa Selenia, sin embargo, eso a mí no me interesa, ante mis ojos eres mi mujer y mi compañera, hago lo que sea por ti, no importa que tú me desprecies – me respondió silenciando todas mis protestas.
Fui llevada al borde de la bañera y colocada suavemente dentro del agua medicinal.
Pensé encontrarla muy caliente, pero estaba a una temperatura demasiado agradable y a medida que me sumergía las molestias fueron disminuyendo por completo.
— ¿Está muy caliente?
— Nno, no – le respondo un poco nerviosa, nunca ningún hombre me había tratado con tanta consideración, ni siquiera mi anterior mate.
Algo gelatinoso se vierte en mi cuero cabelludo con aroma a fresas y luego sus largos dedos comienzan a masajearme suave y lento, el placer cosquillea donde me toca y me relajo a pesar de la situación.
Aclara con agua y vuelve a enjabonar mi largo cabello negro que ahora mismo ya no debe ser tan brillante y saludable.
Cada vez que lo enjuaga, pone su mano sobre mi frente para evitar que escurra agua a mi vendaje y me avisa en cada paso.
Mi corazón comienza a latir con fuerza en mi pecho y sensaciones de aleteo aparecen en mi vientre.
“Ya llevas demasiados siglos sobre tus hombros y hasta con una hija mayorcita a cuestas, para que te pongas nerviosa como virgen principiante”
Me dije a mí misma, molesta por lo mucho que estaba disfrutando de las consideraciones de este lycan.
— ¿Por qué eres tan bueno lavando el cabello de una mujer? ¿Se lo hacías a tus amantes anteriores? – le pregunté burlona, intentando sacar algo de conversación y distraer mi mente.
— ¿Por qué? ¿Estás celosa de no ser la primera? – de repente se inclinó y su aliento calentó mi sensible oído.
— No soy tan tonta como para pensar que un hombre como tú no tuvo antes más mujeres – le digo alzando los hombros y la idea de imaginármelo haciéndole esto a otra hembra de su raza me trae un sabor amargo.
— ¿Cómo es un hombre igual a mí? – me pregunta y decido ser honesta, ¿para qué andarme con rodeos?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...