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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 135

VALERIA

— No, no, pero no se arrodille— la detengo cuando casi se arrodilla frente a mí.

— Hablaré con todos, yo era la esposa del anterior jefe del pueblo, ellos escuchan mi opinión.

— Yo también hablaré a su favor, no se preocupe – interviene el guía sonriente, ese hombre al cual le di unas monedas cuando llegamos, para que me guiara a la casa de la bruja embaucadora.

Les agradezco y en realidad, este pequeño pueblo parece que no tiene importancia, sin embargo, es el primer paso para cambiar el corazón de las personas en este Reino.

Mi madre era mi madre, una Reina poderosa, de mano dura, pero justa, yo soy yo, una forastera que cayó de la nada y ahora tiene que arreglar todo el desastre que dejó atrás ese traidor del Rey Vampiro.

— Ven, vamos a correr, necesitas liberarte de tantas preocupaciones, deseo un tiempo a solas con mi esposa – la voz ronca de mi macho acaricia mi oído, a la vez que entrelaza sus dedos con los míos y me lleva a un sitio desconocido.

Lo sigo confiada, a través de las callejuelas sucias y estrechas, por el laberinto de oscuras casas hasta los lindes del bosque donde nos internamos en la naturaleza.

Los rayos del sol al atardecer acarician las hojas de los árboles, alejando un poco la tristeza y pobreza de este sitio, que una vez fue próspero.

— Conviértete en la forma de tu loba, vamos a dar una vuelta— me pide y lo veo como comienza a quitarse de manera sensual la camisa, dejando al descubierto ese poderoso pecho lleno de tatuajes tribales rojos y negros que ondean sobre sus músculos.

Se desabrocha lenta y provocadoramente los botones del pantalón, permitiéndome mirarlo como una pervertida.

Mete los dedos por el borde del bóxer y tira hacia abajo quitándose el pantalón y la ropa interior a la vez, dándome la caliente y excitante vista de esa cosota media dormida.

— ¿Quieres un paño para la saliva? ¿O mejor te la limpio con esto? – se lo agarra descaradamente, masajeando la punta rosada oscura, para pararlo más en firme.

Sé que se está burlando de mí, pero de verdad me tiene con la lengua afuera.

— Creo que me gusta más la segunda opción – lo miro relamiéndome, provocándolo, no voy a ser aquí la presa.

— Desnúdate de una vez, mujer calienta braguetas o terminaré violándote antes de tiempo – me dice entre dientes dando un paso atrás, conteniéndose.

Su delicioso olor asalta mis sentidos y su masculinidad se empieza a erguir entre sus piernas delatando su lujuria.

Sonrío y me quito la ropa lentamente, torturándolo como él hizo conmigo.

Me inclino hacia delante para bajar mi braga y mi vestido por las caderas, sus ojos lobunos se quedan fijos en mis senos que se tambalean de un lado a otro.

— Te amo mujer, no te imaginas cuanto te deseo Valeria – me dice de repente.

Su respiración pesada abanica sobre mis labios que recorre con su dedo, mi corazón late con fuerza ante esa explícita declaración de amor y nuestras pieles se funden en un estrecho abrazo.

— Si quieres ser la Reina del mundo lo pondré a tus pies mi Selenia, no tengas miedo, yo siempre estaré a tu espalda apoyándote.

Un nudo se aprieta en mi garganta, este lycan bruto y salvaje es mío, solo mío y no lo cambio por nada ni nadie.

— Entonces tu Reina te pide que le ayudes a quitarse los botines, ¿será que puedes obedecer? – le digo en broma, pienso que me va a responder con algún sarcasmo, pero lo que hace a continuación sigue desarmándome.

Aldric se inclina ante mí, con una rodilla sobre la hierba y la otra flexionada donde toma mi pierna y apoya el botín sobre ella.

— Espera mi lobo, no tienes que hacerlo, era una broma Aldric – le digo sorprendida, colocando las manos sobre sus hombros para buscar estabilidad.

— Para mí nunca ha sido una broma Valeria – me dice muy serio mirando hacia arriba, sus dedos desenredan los cordones de los altos botines negros para ayudarme a retirarlos.

— Desde el primer momento que entraste por la puerta de mi castillo supe que eras mía, aunque intenté resistirme y lo seguirás siendo para siempre. Mi lobo y yo nos rendimos a ti por voluntad propia, Valeria Von Carstein, de rodillas te juro mi lealtad y fidelidad, nunca te vamos a traicionar, preferimos antes morir.

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