GABRIELLE
Cuando llegué al cuarto estaba preparada para los dulces asaltos de mi mate, por mucho que mi mente se resistiera, la química del vínculo siempre estaba presente.
Abrí la puerta y enseguida el olor delicioso asaltó mi nariz, mucho más intenso y almizclado, Quinn había estado entrenando afuera.
Me lo imaginaba sudando, mostrando sus abultados músculos por fuera de alguna camiseta de combate. Tenía que admitir que moría por recorrer su cuerpo con mis ojos.
Sin embargo, el sonido del susurro de ropas se escuchaba. Pensé que sería para darse un baño, pero luego sus pasos no fueron hacia el lavabo.
— ¿Quinn qué haces? – le pregunté, diciéndole su nombre como tanto le gustaba.
— Voy a dormir en otra habitación para dejarte descansar, ya no necesitas que te vigile tan de cerca – responde y su tono tan seco me hace tensarme.
¿Qué sucede? A penas esta mañana casi me viola con su erección matutina al levantarse.
— La Sanadora no me ha dicho que estoy recuperada por completo, yo… — me quedo callada pensando en las tonterías de excusas que estoy diciendo, ¿acaso no era esto lo que deseaba?
— ¿Entonces me quedo? – su respiración se siente sobre mi cabello, sé muy bien que está parado delante de mí, esperando mi respuesta que incluye muchas cosas.
Me quedo en silencio por unos segundos.
Siempre he sido una mujer de no darle tantas vueltas a las cosas, de irle directo a la yugular a la vida, supongo que esa manía me llevó a desangrar por completo a mi anterior mate.
— Sí, creo que es mejor que duermas en otro cuarto, así estoy más cómoda – le digo bajando la cabeza.
Es la primera vez que me alegro de no verle los ojos, sin embargo, sus sentimientos de desilusión me golpean de frente.
No dice nada y escucho sus pisadas rodeándome, para luego caminar hacia la puerta y salir.
— Quinn… — me giro llamándolo, incluso doy un paso adelante, pero él ya no está en el cuarto, se ha ido.
¿Acaso se habrá cansado de mis desplantes?
Lo más probable, si es que soy una perra sin mordaza, lo sé.
Es mejor para él, que me odie y acepte mi rechazo, ese hombre es demasiado bueno para mí, no quiero hacerle un daño a muerte.
Necesito más sangre que nunca, siento que si comienzo a tomar de él, no podré detenerme.
Quinn me gusta demasiado, esa es la verdad, yo diría que más que el padre de Valeria y eso es peligroso para él, muy peligroso.
Tengo miedo como pocas veces.
Llevo la mano a mi corazón que late errático y un dolor sordo se expande por mi pecho.
— Estira tu pierna, déjame revisarte el muslo que era la peor herida – me dice y sigo sus instrucciones, donde se enredó el látigo palpita dolorosamente.
Estoy vestida con uno de sus vestidos que me queda algo ajustado, pero le agradezco porque mi ropa debería estar hecho jirones.
— No está sanando – anuncia luego subir la falda y quitar el vendaje que me había puesto.
Estoy sentada en el borde del camastro con la comida en las manos y mirando la fea herida que le da la vuelta a mi muslo derecho.
— ¿Por qué? – me inclino para ver que incluso pus está saliendo del interior de la herida que parece peor de lo que me imaginaba - ¿Será esa medicina que me pusiste?
Miro a las hojas que ha retirado junto con el vendaje.
— No, no, mira es la misma que utilicé para tus otras heridas – me muestra los demás vendajes y es cierto – Parece que esa arma estaba envenenada además de hechizada, déjame mirarte mejor.
Se acerca y examina la herida, después de un tiempo determina que veneno es, se voltea y machaca unas hojas en un cuenco.
“Mía…”
“No siento nada raro, Celine, parecen las mismas hojas del resto del cuerpo” me asegura e intento no ser tan paranoica y parecer malagradecida.
— Esto va a arder un poco, necesito neutralizar el veneno – me dice y asiento, me limpia con un agua verde medicinal el pus y toda la escoria que destila la herida.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...