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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 152

QUINN

—Necesito…necesito tu sangre, alimentarme de tu fuerza vital para hacer el hechizo en conjunto con Valeria y esa hechicera —me dice levantando la cabeza, nuestras respiraciones intercambiándose, el aire cargado de miles de sentimientos intensos —Sé que escuchaste lo que dije en la sala de mi anterior mate…

—Fuiste tan cobarde que ni siquiera me lo contaste directamente, sabías muy bien que estaba ahí.

—Lo fui —admite mordiéndose el labio inferior —porque tenía… tengo miedo… —el sentimiento de vulnerabilidad me golpea como nunca antes, ni siquiera como cuando abrió los ojos y descubrió la mutilación de su cuerpo se mostró de esta manera.

—¿Y qué ha cambiado ahora Gabrielle? Si lo haces porque tienes cargo de conciencia debido a que dejé ir a Celine por cuidarte, no tienes…

—Lo que ha cambiado es que estos días que no has estado a mi lado, han dolido más que todas mis heridas y que mis fantasmas del pasado. Ahora, no puedo dejar que corras al peligro si puedo evitarlo —me interrumpe subiendo su mano y palpando en el aire hasta que encuentra mi mandíbula y la acaricia con sus dedos, mi corazón se acelera como un tonto enamorado.

—Quinn, no aguantaría perderte, ya no soy tan fuerte y aunque tuviese todos mis poderes, tampoco podría renunciar a ti. No quiero hacerte daño mi mate, así que solo puedo rezarle a la Diosa, por esta vez no equivocarme. Quiero… quiero que me des otra oportunidad para empezar de nuevo…

—No quiero —le dije categóricamente ante su rostro de estupefacción.

“¡Quinn! ¿¡Te has vuelto malditamente loco?!”

“¡No Mordred, hay que empujar con todo ahora que está cediendo, no queremos migajas, lo queremos todo!”, le rugí a mi lobo y enseguida se aplacó, aunque daba vueltas preocupado, vigilando la reacción de Gabrielle.

—Te dije que cuando quisieras mi sangre me tendrías que rogar, además no pienso dar mi líquido vital a cambio de nada —obvié descaradamente el hecho de que lo hacía para llevarme hasta Celine.

De repente la vi bajar la cabeza, juro que por un momento dudé de si había hecho lo correcto al orillarla, pero luego sus hombros se comenzaron a mover y escuché su risa baja y sexy.

—Bien, lo veo muy justo, entonces déjame pedirlo de manera más educada, o mejor, déjame pagarte adelantado por drenar toda tu deliciosa sangre —subió la cabeza con una sonrisa seductora en sus labios que hizo a mi miembro dar un respingo bajo la toalla.

—Dime cuando llegues al borde de la cama —comenzó a empujarme con las palmas de sus manos en mi pecho, yo daba pasos atrás y ella adelante, así, hasta que mis piernas chocaron contra el colchón.

—Ya llegué —le dije excitándome con el cambio en la atmósfera, el aroma picante y dulce de la pimienta rosa cosquilleando en mi nariz.

—Bien, entonces, comencemos con el soborno —bajó repentinamente la mano desde mi pecho, acariciando mi abdomen hasta el borde de la toalla que haló y tiró al suelo, dejándome desnudo, mientras su otra mano me empujaba contra la cama.

Me incorporé para tomarle las manos y guiarla.

Su cabello largo cosquilleó en mi piel, estábamos tan cerca, moría por hacerle el amor a esta mujer.

—No tienes que hacer eso, puede ser difícil para ti…

—Sshh, no te atrevas a tratarme con condescendencia Quinn, guarda la lástima para ti mismo, la vas a necesitar…

Me advirtió peligrosamente, apoyándose en mis muslos, sus manos acariciaron mis músculos eróticamente hasta mi ingle.

Gruñí bajo cuando sus dedos recorrieron mi erección haciendo sisear de placer. Su boca se inclinó hacia delante, buscando un beso que no pude negarle.

La verdad no sé hasta dónde podré seguir haciéndome el difícil cuando muero porque esta Selenia me clave los colmillos y me chupe hasta el alma.

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