NARRADORA
Susurros de pisadas se escuchaban en el bosque, la luz de la luna revelaba las siluetas que se movían con sigilo y cautela, se escondían y esperaban.
—Más adelante está la entrada al cementerio…
—No, iremos por otro sitio —Dante le dijo tajante a la híbrida que era su carta de triunfo— Sígueme.
Le ordenó y Celine, aunque dudosa, persiguió sus pasos rápidos, en silencio, hasta que el sonido del agua llegó a sus oídos.
Dante la guio a través de un riachuelo lleno de guijarros, siguieron la corriente hasta internarse en altas malezas que no dejaban mirar más allá.
Cuando el vampiro apartó la hierba, Celine se asombró al ver que el agua salía de un enorme agujero redondo, como la salida un viejo acueducto.
—Ven, entremos por aquí, todavía esta área está fuera de la influencia del castillo, Zarek no la controla y es más segura que el cementerio, vamos.
Le hizo señas con la mano y ambos se internaron en el oscuro agujero, chapoteando el agua con las botas.
El olor a humedad y a viejo, a muerte, se respiraba en el aire viciado y estancado.
—Pero, ¿por qué no quieres ir por el cementerio? —Celine le preguntó con curiosidad.
La verdad era que se sentía horrible, con náuseas y dolor de cabeza, a duras penas estaba logrando avanzar.
Era como si hilos de marionetas tiraran de cada una de sus extremidades.
—No es seguro el cementerio, por aquí deberíamos salir directo a la plaza interior, por dentro de las murallas del castillo, luego de que me ayudes a pasar la barrera.
Dante no quería darle tantas explicaciones a esa tonta, no sabía hasta dónde Merkall tenía invadido su cerebro, ese viejo manipulador debió tener alguna visión con esta chica.
El cementerio no era seguro por una simple razón, a pesar de haber estado apresado por tantos siglos, Dante temía el poder de ese poderoso príncipe vampiro, del cual solo había escuchado hablar.
Celine miraba a todos lados, con cautela, a las paredes estrechas de piedra que serpenteaban, internándose más y más bajo tierra.
Sus ojos de vampira escudriñando la oscuridad.
Pronto el camino se abrió llegando a una amplia y enorme cámara con muchos túneles oscuros que llevaban a otros sitios insospechados.
En uno de ellos, agazapado como un depredador, estaba Merkall.
Lo sabía, sabía que Dante tomaría la ruta del viejo acueducto.
Esta había sido la visión que tuvo de ella, guiando a Dante al castillo.
Solo que no conocía el momento exacto que esto ocurriría, así que, cuando por azares de la vida, Celine cayó en sus manos, decidió dirigir él mismo los hechos y darle un empujoncito al destino.
Lo único que nunca comprendió de su visión, fue cómo ella podía entrar al castillo, ahora ya supo que era por su unión con ese poderoso chupasangre.
La marca roja en el interior de su muslo, que utilizó para comprobar que era Celine la misma mujer en la clarividencia, parecía tener algo que ver con Zarek.
—Celine, dime, ¿sientes algún llamado? A partir de aquí es un laberinto de túneles, es difícil saber bien, no he avanzado más allá —Dante le preguntó. Parecía relajado en apariencia, pero en fondo estaba más que alerta.
—Creo... —Celine miró a los agujeros como boca de lobo, pero había uno en particular que tiraba de ella para que lo siguiera— Por allí.
Señaló, pero solo hizo dar un paso cuando su mente entera agonizó de dolor como si miles de cuchillos se le hundieran en el cerebro.
—¡Sí, jefe, miramos los túneles y no había personas!
—Y miraron idiotas, a ver si no había animales - Dante les respondió bufando divertido.
Ante esas palabras, Merkall se tensó, ¡no podía ser que se hubiese preparado tanto con antelación!
¡¿Cuándo fue que sospechó para hacer una emboscada antes de que ellos hicieran la suya?!
—¡Atáquenlo, no lo dejen vivir! —ordenó con prisas, pero ya era muy tarde.
Dante rugió sacando sus colmillos y chillidos agudos se escucharon junto con el aleteo que provenía de casi todos los túneles.
Decenas de murciélagos camuflados en la oscuridad, llegaron volando ensordecedoramente, asustando a los brujos que comprendieron su error.
Comenzaron a lanzar bolas de fuego, hechizos elementales, ráfagas de viento para alejarlos, pero pronto la nube oscura estaba sobre sus cabezas.
—¡Asesinen a estos malditos esclavos rebeldes! ¡Ascenderé a quien me traiga la cabeza de Merkall!—Dante rugió encolerizado.
Para él, todos los que no fueran vampiros puros solo eran escoria, estaba muy de acuerdo con el antiguo Rey Vampiro.
Las alas se transformaron en brazos con garras afiladas, en hombres y mujeres soldados que cayeron en medio del caos de los hechiceros defendiéndose.
Sangre se diluía con lenta corriente de agua y la muerte se respiraba en el aire viciado.
Magia contra fuerza y rapidez, los vampiros en este sitio tan angosto y cerrado tenían la ventaja.
Mientras el caos reinaba bajo el viejo acueducto, Dante aprovechó para arrastrar a la atormentada Celine, por el túnel que ella le había señalado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...