NARRADORA
Gabrielle comenzó a toser ruidosamente, sentía que Quinn no aguantaría y en cualquier momento entraría a rescatarla.
“Ella nunca lo perdonará… señor… su hermano… es mi mate… es el hombre que está allí afuera,” jugó la carta que creía podría salvarle la vida.
Solo esperaba que resultara.
Zarek se quedó mirándola por un segundo que pareció una hora.
De repente, escuchó una risa ronca y cínica salir de sus labios que daba más miedo todavía; sus afilados caninos brillaban con su aura asesina.
“Te daré una última oportunidad porque ahora mismo no puedo dividir mi fuerza en tantas partes, pero si me vuelves a fallar, Gabrielle, sabes que tengo muchas maneras de asesinarte sin que ella se entere, ¿verdad?”
“La recuperaremos, señor,” aseguró no muy convencida, pero qué más podría decir.
Cayó entonces al suelo pesadamente, tosiendo casi a punto de echar los pulmones afuera.
Pocas veces había estado del lado más débil, rendirle cuentas a Zarek, la hacía rechinar los dientes de la ira y la humillación.
Quinn no pudo aguantar más y corrió a sostenerla.
—Todo está bien, amor, sé qué hacer —Gabrielle se aferró a su pecho y Quinn estaba que echaba espuma por la boca, mirando hacia un sitio en el cementerio donde sentía una poderosa presencia observándolos.
Poderoso, Antiguo o lo que sea, ese maldito chupasangre se iba a enterar en cuanto lo viera de frente.
*****
CELINE
Celine avanzó por el túnel y se sentía más y más inquieta; de repente, sus pies se detuvieron en seco y sus ojos se abrieron con temor.
Estaba al borde de un profundo precipicio, una caída mortal a la nada.
¿Ahora, cómo podrían llegar hasta el otro lado?
Casi se palpaba algo pesado y asesino en el aire, sabía muy bien que ni la magia ni la transformación de los vampiros podía superar este obstáculo sin el permiso del dueño del castillo.
—Llámalo, Celine, dile que deseas acceder a su morada.
Dante le dijo, excitado, mirando hacia el lado opuesto, donde una enorme reja cubría casi toda la pared de rocas y que se abriría sin dudas para esta híbrida.
El sonido de un mecanismo oxidado y antiguo comenzó a ponerse en marcha. Celine dio un paso atrás, sorprendida, cuando cadenas gigantescas descendieron desde arriba, como brazos que escarbaban en busca de algo en las profundidades del abismo, y pronto, supo qué era.
Un pesado puente lleno de moho y suciedad fue subiendo poco a poco, suspendido en el aire por las cadenas, conectando las dos zonas.
Otro chirrido se agregó a la atmósfera tensa y escalofriante cuando las puertas al otro lado se abrieron y Celine solo pudo ver una espesa niebla flotando en la entrada, sin salirse de los límites.
—Pasando esa niebla, oficialmente estaremos dentro del castillo, querida mate; lo has hecho bien —Dante sonrió, palmeando el hombro de Celine; sus ojos brillaban codiciosos.
¿Quién diría que al final el idiota de Merkall lo había beneficiado con el hechizo que le hizo a la chica para engañarlo?
Celine dio el primer paso, apretando los puños; cada vez sentía de manera más intensa ese tirón llamando a su corazón.
La invadieron de repente unas ganas locas de correr hacia la niebla y perderse en los dominios de Zarek.
Sin embargo, no dio ni dos pasos más allá cuando cayó al suelo, sudando por el dolor punzante que sacudía su mente; su cerebro estaba siendo controlado a máxima potencia, no podía mover ni uno de sus músculos, no hasta que el “amo” la dejara moverse, y ese amo, estaba muy cerca, era Merkall.
La niebla oscura del otro lado comenzó a revolverse, estirándose como brazos, queriendo llegar hasta ella y arrastrarla al interior del castillo, pero Dante no era estúpido; supo que algo estaba muy mal con Celine.
Y tampoco podía dejarla entrar sola al castillo o estaba acabado, así que la tomó de los brazos, dispuesto a correr con ella hacia la niebla oscura.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...