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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 164

NARRADORA

Apretándose el pecho, obligó a sus piernas cansadas y heridas a trabajar nuevamente; el rastro de sangre iba quedando a su paso, pero no se detenía ni siquiera para sanarse a sí misma.

Prefería enfrentarse a un lycan y morir rápido a quedarse aquí en este sitio.

La niebla comenzaba a levantarse por entre las tumbas como si tuviese vida propia, se arremolinaba bajo sus piernas, al igual que manos intentando sujetarla.

Laila corría aterrorizada, nunca había sentido tanto miedo en su vida, pasó por debajo del sauce y de repente las ramas comenzaron a batir con el fuerte viento.

—¡Aahh, suéltame, suéltame! —gritó enardecida cuando las cuerdas verdes se enredaron en su cuello, estrangulándola, en sus brazos y piernas, reteniéndola.

Laila luchó como una demente para zafarse, dando tirones a las ramas y sujetando con las manos las que estrangulaban su cuello, intentando romperlas.

Sus pies dieron pasos inestables hacia atrás, el cabello húmedo le tapaba los ojos y juró que veía sombras y ojos rojos en su nublada visión.

Tiró hacia atrás con todas sus fuerzas y creyó que se había liberado, sin embargo, no fue así...

—¡AAAHHH! —un grito rompió la noche llena de truenos y relámpagos, el agua se vertió del cielo como un diluvio, lavando la sangre del campo de batalla.

El cuerpo de la hechicera cayó de espaldas y Laila sintió la sensación de vértigo en su cabeza antes de impactar con fuerza sobre una dura superficie.

Con los ojos apenas abiertos porque la lluvia caía sobre su cuerpo maltrecho, miró con incredulidad hacia el cielo que parecía tan lejano, encerrado en un triángulo, y todo lo demás era oscuridad y tierra.

Había caído en lo profundo de una tumba abierta.

El corazón de Laila latía como un tambor, ¡BOOM, BOOM, BOOM!

“¡Tengo que salir de aquí, tengo que levantarme y salir de esta pesadilla!”

Su fuerte espíritu aun dándose ánimo, así que intentó ponerse de pie.

Escalaría los metros y metros de la pared de tierra, aunque dejara las uñas en el proceso.

Solo que su determinación duró muy poco.

El grito de susto se quedó atorado en su garganta cuando, debajo de ella, desde el suelo de tierra mojada, unos brazos llenos de suciedad y fango, le taparon la boca y la agarraron del cuello.

Sin poder defenderse, Laila solo pudo ver en silencio cómo manos comenzaron a brotar del fondo de la tumba y la halaban hacia las entrañas de la tierra.

Gritaba ahogada, manoteaba y movía las piernas como una loca, mirando al cielo con ojos rojos que pronto fueron cubiertos por tierra y piedras, raíces y hojas muertas, desapareciendo del cementerio.

Aún no moriría, pero hubiese querido hacerlo, iba a desear morir tantas veces; sin embargo, cometió el pecado de meterse con su mujer y eso lo pagaría demasiado caro.

*****

Beof escuchó el grito de la bruja desde el interior del cementerio cuando iba en retirada.

Era obvio que Zarek los quería dentro del palacio.

“No, Quinn, no entiendes, ese contrato tiene también sus cláusulas y su letra pequeña. Ese hombre hechicero es un idiota, él mismo firmará su muerte y yo ya me quiero liberar de ese maldito vínculo con Zarek, al fin y al cabo, ya comprendí que mi hija no será la próxima Reina Selenia. Las leyes de este mundo cambiarán y creo que pronto la monarca del Reino Oscuro será otra”

Ambos se quedaron en silencio, solo avanzando bajo la lluvia torrencial, pasando el foso a toda velocidad y entraron por las puertas abiertas del castillo.

No había necesidad de mentar nombres, Quinn sabía muy bien que su compañera hablaba de Celine.

Pero eso no le daba alivio, sino que lo ponía más preocupado.

Siempre estuvo ahí para defender a su hermanita y ahora ella tenía a un hombre tan poderoso de compañero.

¿Eso era bueno o malo para Celine?

Si la maltrataba, si la humillaba por ser híbrida, por no ser una vampira de sangre pura, no importa si moría, él defendería a su pequeña hermana que crio como un padre.

Ningún idiota la haría sufrir.

*****

Mientras el pandemónium y la lucha asolaban las tierras cercanas al castillo, en las profundidades y su interior no se escuchaba nada, solo un silencio sepulcral, donde incluso la respiración podía oírse con claridad.

Celine al fin llegó a la niebla que custodiaba la puerta y se quedó de pie delante de ella por unos segundos.

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