NARRADORA
Cuando los pies de Gabrielle pasaron el umbral de la puerta, su cuerpo entero sufrió una profunda transformación.
Su ropa sencilla y sucia por el fango del camino se convirtió en un exquisito vestido rojo, como los que utilizaba cuando era la soberana y dueña del trono.
Su cabello negro caía brillante hasta su cintura, la venda en su hermoso rostro desapareció y sus ojos azules, expresivos y severos, miraron con firmeza hacia delante.
Era la digna imagen en su máximo esplendor del pasado y, aunque Gabrielle sabía que todo era parte de la ilusión de Zarek, le agradecía la consideración.
Cuando Celine vio a Gabrielle, enseguida pensó en su hermano; no importa cuán confundida estuviese, nunca olvidaría a Quinn.
"Él está bien, no te preocupes", Gabrielle la miró por un segundo al pasar a su lado y logró introducir ese mensaje en su atormentada mente.
Zarek no había dejado avanzar más a Quinn a partir de un punto y, a pesar de quedarse echando chispas, no pudo hacer más que confiar en su mate.
—Espera, no estabas... ¿no estabas muerta? ¡¿Qué tipo de truco es este?! —Merkall de repente tuvo una muy mala premonición y Gabrielle lo miró como carne ya asesinada.
—Regresé de entre los muertos, solo para poderte pasar el contrato del castillo, ¿no es eso lo que quiere el gran mago Merkall? —le dijo con burla y rabia, al verlo amenazando a Celine y todo lo que le había hecho.
—¡Zarek, lo creas o no puedo acabar con esta mujer en un segundo! —la mano del mago se empuñó firme contra la vena frenética en el cuello de Celine.
Se hacía el valiente y seguro de tener la sartén por el mango, pero por dentro todo su ser tiritaba de miedo y casi se hace en los pantalones, cuando tuvo en menos de un segundo la presencia del príncipe encima de él.
Merkall intentó dar un paso atrás, pero la mano de Zarek se cerró sobre su camisa atrayéndolo hacia él.
Sus ojos como rubíes parecían congelarle cada célula de la sangre en sus venas y el cabello del príncipe se elevaba salvaje mientras la rabia se agitaba en su interior.
Afuera las luces de los peligrosos relámpagos alumbraban la oscuridad, las ráfagas de viento parecían querer arrancar de raíz los árboles del bosque y la lluvia inundaba la tierra de los seres de la noche.
—No te he dicho que no te vaya a ceder el control, estoy haciendo todo lo que quieres, pero creo que ambos sabemos lo que sucederá si se daña un solo cabello de mi mate —sus palabras parecían veneno y Merkall aguantaba la debilidad en sus piernas como mejor podía.
—Ven a firmar el maldito contrato y quédate con tu trono de mierd4, no sabes las ganas que tengo de destrozarte, así que no sigas tentando a tu suerte, brujo de pacotilla —Zarek ya se estaba cansando de este juego.
Miró por un segundo al cuello pálido de Celine y luego a sus ojos nublados y con miedo en sus profundidades.
Se giró caminando impetuoso hacia donde la columna de luz fulguraba.
—¡Todos los interesados deben acercarse! —sentenció y Gabrielle comenzó a avanzar hacia el altar del contrato.
Merkall vaciló por un segundo, sus ojos frenéticos, su mente trabajando a toda marcha sin cesar.
Sabía que Celine era importante para el príncipe vampiro, pero ¿de verdad lo era tanto como para quitarle su poder a la Selenia y dárselo a él?
El extremo de esa cadena se ondeó en el aire y Gabrielle extendió la mano atrapándola y sosteniéndola alrededor de su muñeca, entonces, comenzó a recitar los antiguos encantamientos que eran pasados de Selenia a Selenia.
Su voz ronca resonaba amplificándose y recorriendo el eco de cada milímetro del palacio, desde la torre más alta hasta la mazmorra más escondida, donde el cuerpo físico de un hombre atado a la pared, esperaba a ser liberado realmente.
La mano de Celine temblaba mientras se apuntaba ella misma la daga al cuello.
Sus orbes bien abiertos no se separaban ni un segundo del hombre que se elevaba en el aire, oculto debajo de capas de magia y restricciones.
Tantos sentimientos dentro de su alma que la ahogaban y luchaba como una loba rabiosa por liberarse, pero nunca, ni una vez pensó en liberar a su vampira, a la otra mitad de su poder, siempre confiando en su loba Alfa, que ahora no le respondía.
Las paredes y el techo comenzaron a temblar, las sombras de las esquinas se alargaron y comenzaron a danzar tomados de las extremidades, como espíritus convocados.
Parecía que cada cimiento y cada pared, cada candelabro, cada gramo de tierra del castillo, se estremecía y remodelaba.
—¡Yo, Selenia Gabrielle Von Carstein, renuncio al contrato que me une al Príncipe Oscuro Zarek Vlad a nombre de… pronuncia tu nombre! —le gritó a Merkall que eufórico comenzó a nombrarse.
Sus ojos asombrados veían miles de runas como palabras, rodear y flotar alrededor del cuerpo de Zarek, fundiéndose con los haces de luz, eran las leyes del contrato.
—¡Que la Diosa Luna nos conceda su permiso y su bendición! —Gabrielle de repente sentía como un nudo en su pecho se iba desatando.
—¡Ahora levanta tu mano y pronuncia los encantamientos que se iluminan bajo tus pies!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...