NARRADORA
La personalidad vampírica de Celine avanzó con anhelo y se inclinó sobre el cuerpo del príncipe que la recibió con los brazos abiertos, acunándola contra su pecho.
Sus bocas se fundieron sensuales y sus lenguas se acariciaron, explorándose por fuera de sus labios, enredándose e intercambiando su pasión con los ojos entrecerrados del placer.
Zarek la tomó por la cintura y la sentó a horcajadas sobre sus piernas, hundió los dedos en las hebras de su suave cabello y empujó hacia delante su cabeza para tomarla más profundo, para ahogarse en el mar de sus besos.
Se tocaban la piel caliente, en la oscuridad sonidos húmedos y lascivos, gemidos que salían de entre los labios de Camilla al sentir los colmillos de su mate raspando con delicadeza la línea de su mandíbula y lamiendo con lujuria su cuello.
Sus manos masculinas y fuertes se cerraron sobre sus caderas obligándola a menearse sobre él, la fricción entre las ropas los enloquecía.
El duro miembro de Zarek latía caliente entre sus piernas abiertas, trayéndole un delicioso escalofrío a su centro mojado.
Lo quería dentro de ella, que la penetrara y la hiciera su mujer, lo anhelaba locamente, se sentía tan libre, nunca había deseado tanto su libertad como cuando lo conoció.
El hechizo de control de Merkall sobre Celine surgió más efecto por la guerra interna que siempre vivía su cuerpo, si las tres trabajaran unidas, no hubiese sido tan fácil dominarla.
—Mmm, Camilla, cariño, espera…
Zarek tuvo que sacar el poco autocontrol que le quedaba para detenerse de levantarle la falda y hundirse en ese coño de pétalos de rosas, que lo traía con los colmillos afuera.
—Amor, espera… Mmm, espera, pequeña… —agitados y respirando contra sus labios tomó sus pequeñas manos para evitar que lo siguiera acariciando por todo el cuerpo.
—¿No te gusta? Yo nunca he tocado a nadie, no sé...
“Gracias a la m*****a Diosa por eso,” Zarek pensó, apretando los dientes, porque si su mate fuera más “experta” ya estuviese zambullido hasta el cuello.
—Camilla, sabes que no es eso, amor, estoy muriendo por enlazarme a sus almas, por marcarlas, pero sabes que no puede ser así.
Zarek pegó su frente con la de su mate y sonrió con cariño al ver el mohín en sus sensuales labios, que moría por tenerlos chupando cierta parte erecta de su cuerpo.
—Ella me odia, intentarán encerrarme de nuevo entre las dos, nunca me ha querido. —bajó la cabeza como una niña agraviada, dando las quejas a un adulto.
Zarek suspiró besando su coronilla con amor, abrazándola contra él.
Tenía que hablar con Celine, esto les hacía tanto daño.
Sabía sus motivos, los había conocido en el mar de sus recuerdos, pero castigar a Camilla era castigarse a sí misma.
Buscaba la solución para una maldición que se impuso al rechazar una parte de su propio ser.
—Todo va a estar bien, ¿sí? Ahora no estás sola, no están solas, nunca más, yo seré el puente que las una, ahora ve a dormir, se buena, deja salir a Celine...
—¿Y si no me permite de nuevo verte? —Camilla subió sus orbes rojos húmedos.
Era muy fuerte, Zarek podía sentir el poder rugir en sus venas, sin embargo, le tenía tanto miedo a Celine y a Mía.
—Si te va a dejar, confía en mí. —acarició su hermoso rostro y bajó la cabeza para darle un suave beso, lamiendo su labio inferior, chupándolo y agarrándolo sexy entre sus caninos hasta escuchar sus jadeos de deseo.
—Ve, pequeña, la próxima vez que nos veamos, te enseñaré a tocarme, la manera en que me gusta que me enloquezcas. —susurró promesas ardientes para su próximo encuentro.
Camilla lo miró con intensidad, el corazón que compartía con Celine latía con amor y miedo, no quería irse, temía no poder ser libre de nuevo, pero confiaba en su mate y él repararía la relación entre las dos.
Zarek supo en el momento exacto que la mujer con la cabeza baja contra su pecho, ya era la Alfa Celine, sus temores e inseguridades, su carácter terco e intransigente, lo golpearon como un vendaval.
Suspiró medio divertido, pensando que de ser soltero tantos siglos, ahora parecía ser el compañero de tres hermosas esposas complejas, diferentes y únicas.
—Tú no tienes nada defectuoso, mi amor, hasta el último de tus cabellos es perfecto para mí, Celine, ya basta de luchar, ya basta mi vida, haz las paces con tus poderes, Camilla no tiene la culpa, ella era solo una niña igual que tú y la has reprimido por tus propios miedos —Zarek la abrazó con fuerza entre sus brazos.
— Nunca te haré daño vida, jamás te forzaré como ese bastardo le hizo a tu madre, prefiero antes morir la peor de las muertes.
Le dolía el alma de verla tan vulnerable, de entender hasta dónde estaba rota en su interior, siempre aparentando y fingiendo que todo estaba bien.
Los sollozos se escucharon en la oscura celda, mientras Celine se aferraba al pecho cálido de su mate que la dejó desahogarse, susurrando palabras de amor y fortaleza en su oído, acariciando su espalda y queriéndola fundir con su alma.
Después de un tiempo desconocido, Zarek fijó sus ojos intensos en el rostro de la mujer exhausta sobre él, besó sus lágrimas y apartó el cabello de su frente perlada en sudor.
Se levantó cargándola protectoramente y la sacó de las frías mazmorras caminando por los pasillos de este castillo que había sido su hogar milenios atrás.
Por donde sea que avanzaba, todo cambiaba a como era antaño.
Se dirigía a sus aposentos, en esta ala del castillo que ninguna monarca anterior se había atrevido a invadir.
Celine y sus poderes, necesitaban descansar y reponerse, Mía se había llevado la peor parte del hechizo, protegiendo la mente de Celine en cada compulsión sin misericordia que ese maldit0 brujo le hacía a su cerebro.
Al pasar por el enorme ventanal del piso al techo, que daba a los jardines exteriores, Zarek no pudo evitar detenerse un segundo y mirar al cielo donde las nubes de tormentas ya se despejaban y dejaban traslucir los rayos plateados de la luna.
—No creo en ninguna de tus buenas intenciones —murmuró con una sonrisa cruel adornando sus finos labios.
—Algo debes estar tramando para crear este regalo tan perfecto para mí. ¿Qué deseas a cambio maldit4 Diosa?
Masculló con odio, abrazando con más fuerza a Celine, con miedo de que le fuese arrebatada al siguiente segundo.
—Esta vez no, así tenga que arrasar de nuevo con esta podrida tierra, no dejaré que me quites a mi ser querido de nuevo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...