ZAREK
Así llamamos a los habitantes originales de estas tierras, criaturas simples, sin poderes, sin fuerza superpoderosa, sin caninos largos o garras afiladas, sin magia, sin embargo, tenían algo que todas las razas codiciaban.
Daban a luz a descendientes puros de las especies: vampiros, brujos, lycans.
Eran como libros en blancos en los que se podía escribir los genes para ampliar las razas, nada de ligarse entre familiares o con otra especie sobrenatural.
Al final, todos nosotros nos originamos de una elemental.
—¡VIKTOR! —rugí sin podérmelo creer, que ese hombre que había hablado conmigo tantas veces de proteger a estos seres en peligro, ahora estuviese haciendo algo tan atroz.
—¿Su alteza Zarek, qué… qué está haciendo aquí? —se giró conmocionado, saliendo de la mujer que cayó casi moribunda, desplomada sobre la silla.
—¿Así que por eso me pediste estas tierras apartadas? —comencé a reír sin pizca de humor.
La sala entera se quedó en silencio, solo escuchándose las respiraciones agitadas y sollozos silencios.
—Esta era la razón por la que estabas a mi favor, por la que luchaste contra vampiros y brujos, no era para protegerlos a ellos, era para tener una parte mayor del botín —entendí por completo sus intenciones y cómo me había mentido y manipulado.
—Príncipe, debe entender, es difícil para los lycan reproducirse, si nos apareamos con vampiros y brujos salen híbridos más débiles o seres puros de sus razas, ¡rara vez nace un lycan! —me explica, intentando hacer que la violación suene razonable.
—No todo el mundo tiene el privilegio como usted y nace por la unión de una poderosa Selenia con uno de los primeros vampiros, de un Antiguo, ¡yo debo ver por mi raza!
—¡Desde cuándo los hombres dan a luz cachorros! —le señalo a los hombres elementales temblando en una esquina, que también están siendo forzados por otros machos lycans en la sala.
— ¡No estoy en contra de que se desarrollen las razas con los seres elementales, pero siempre que ellos estén de acuerdo, no forzados!
—Eso, lo corregiré, castigaré a los machos que se aparearon con los hombres, no se preocupe…
—Por supuesto que habrá castigo Viktor, venía a contar contigo, pero he cambiado de idea, todo en esta tierra está malditamente podrido, creo que es hora de devolvérsela a sus dueños originales ¡Váyanse! —le rugí a los seres elementales que me miraban con una mezcla de desesperación y esperanza.
La sombra de Viktor se cernió sobre mí.
—Lo lamento, alteza, pero no puedo dejarlo hacer eso —me desafió abiertamente, haciendo señas a los más de 50 lycans que había presentes.
—No esperaba tampoco que me dejaras, no te equivoques, la realeza aquí soy yo y no le pido permiso a nadie, ¡tú estás bajo mis pies!
Y sin pensarlo dos veces me abalancé sobre él mientras su rugido estremecía el castillo que habían construido junto al Lago Negro.
Así comencé mi matanza, llamé todos los poderes que heredé de mi madre Selenia.
Su parte de hechicería fue la que más se desarrolló y yo obtuve su fuerte magia.
Ese día, mis guerreros invencibles salieron de las tinieblas, abriendo las grietas del piso y las paredes, ¿cómo matar lo que ya está muerto?
Arrasé con el palacio de los lycans y salí con la cabeza de Viktor en mis manos, goteando su sangre.
—¡Sálvala, maldición, no importa cómo… salva a la bebé! —me tomó del brazo clavándome sus garras de vampiro, lágrimas de sangre descendían de sus ojos.
Lo solté y cayó desplomado en el suelo, pateé la puerta del cuarto que estaba cerrada por dentro y entré como un vendaval para encontrar a mi hermana mirando algo dentro de la cunita de la niña.
—¡Alana! ¿Qué sucedió aquí? ¡Roger me dijo que la bebé…! ¿Alana?
Se giró como en cámara lenta, sus ojos sin iris, por completo en blanco y supe que no era mi hermana en estos momentos.
Esa presencia tan poderosa que irradiaba una luz santa plateada, no era otra que esa maldit4 perra.
—¡TÚ!
Hice por atacarla para que dejara de utilizar el cuerpo de Alana, pero es obvio que no era su oponente.
Con solo un movimiento de su dedo me dejó flotando en el aire, impotente, mi boca por completo sellada, escuchándola solamente.
—Nunca ningún hijo había sido tan irrespetuoso —su voz etérea resonó entre las cuatro paredes haciendo grietas en las piedras.
Afuera, la noche se sumió en completa oscuridad.
— ¿Te divertiste acabando con tus hermanos?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...