ZAREK
—Mmmm —gemía desesperado, queriendo hablar, agitando mi cuerpo en el aire.
A pesar del miedo instintivo que comenzaba a sentir en mi alma, la rabia no me dejaba pensar con claridad.
—Quieres acabar con todo lo que he creado, sientes que es injusto que las Selenias se sacrifiquen por mis errores, ¿acaso piensas que deseo enviar a mis hijas favoritas a morir? —los rasgos de mi hermana se fruncían con sus palabras y expresiones.
—No es el momento Zarek, las condiciones no son las ideales, aunque asesines a todas las criaturas que he creado y las conviertas en tus sirvientes, no podrás contra Umbros y mi tiempo aquí es limitado. Yo también estoy cansada, hijo mío.
Me dice de repente, acercándose a mí y acariciando mi mejilla. Sus dedos quemaban como acero a rojo vivo contra mi piel.
Mi cuerpo entero reacciona temblando ante su presencia tan cerca, ante su aura opresiva, lucho por no bajar la mirada, pero no puedo verla a esos ojos como estrellas fulgurantes.
—Si quieres terminar con todas las criaturas de la noche, hay una solución, aquí y ahora, sin Selenias, nadie puede guardar la prisión, Umbros saldrá y arrasará con todo, tal y como deseas —comencé a pensar frenéticamente en sus palabras.
No, no, eso no era exactamente lo que quería.
Todo esto lo había hecho para proteger a mi familia, no para que terminaran asesinadas de igual manera.
—Tu sobrina está agonizando —me dijo repentinamente y entré en shock mirando hacia la cunita
— Alana fue quien me convocó con todo su poder, para salvarla, a cambio irá a la prisión, hará lo que le pida, pero esperaba por ti, espero tu decisión.
Entonces me liberó del hechizo, apenas mis botas manchadas de barro y sangre tocaron la alfombra, corrí hacia la cuna.
No sé cuándo ni cómo comencé a gritar como un demente, mientras mis manos temblorosas y sucias hicieron por recoger el cuerpecito pálido y apenas respirando de la bebé.
No me atreví a tocarla. En su pecho y estómago, una profunda herida que dejaba ver el interior, estaba muriendo.
—¡Sálvala, sálvala, por favor! ¡TE DIJE QUE LA SALVES MALDIT4! —caí a sus pies llorando, desesperado como nunca antes, la agarré del vestido con mis puños cerrados, suplicándole en todos los idiomas antiguos que conocía.
—Si la salvo, continúa el linaje de las Selenias y tu hermana se va a sacrificar, todo ocurrirá como no quieres que sea. Si solo sobrevive tu hermana, no la obligaré a ir a la prisión, así que puedes crear tu ejército y esperar a Umbros, él se liberará de todas maneras.
—No, no, no, sálvala, te lo suplico, toma mi vida, yo fui quien te ofendí, ¡salva a la bebé, no la dejes morir, es tu hija Selenia, no la dejes morir! —le rogué ofreciendo mi vida a cambio, no me importaba morir por ellas.
Mi hermana nunca me lo perdonaría, si tomaba la decisión de abandonarla, yo mismo nunca me perdonaría.
La Diosa lo sabía, ella sabía muy bien que me tenía en sus manos.
—Entonces haré lo que deseas, pero tengo condiciones, Zarek —una caricia cayó sobre mi cabello, como una madre piadosa, pero la odiaba tanto, la odiaba con todo mi ser.
— Todo lo que hiciste tiene consecuencias, no te di tus poderes para que los utilizaras de esta manera.
No la quise ver más en persona, no quería que fuese a esa lúgubre celda, ni que se sintiera culpable por nada, Roger tergiversó la historia real.
Mi consciencia que vigilaba todo el castillo la vio crecer, enamorarse y tener a su descendencia, vi morir a Roger de pena y tristeza y comencé a vivir todas las demás muertes que nunca deseé.
Supe entonces que el castigo no era solo reflexionar como un guardián silencioso por algunos siglos de vida.
Como mi deseo era cuidar de mi familia, ella lo llevó hasta el último extremo.
Comprendí tiempo después que estas cadenas, que ahora no me podía quitar tan fácilmente, no me dejaban envejecer y morir.
Una a una, vi los nacimientos de las Selenias y sus muertes, algunas fueron “llamadas”, otras no, era una tortura sin final.
Fui olvidado al no ser necesitado, ni siquiera me despertaba para el cambio de dueña en el contrato y me convertí en el monstruo del castillo apresado en la mazmorra.
Los Reinos se separaron en algún momento y cada vez estuve más dormido en mi consciencia que despierto.
No podía morir y tampoco me interesaba vivir, así que las cuidé en silencio.
Hasta un día, que estén listas las condiciones de esa cruel Diosa y vuelva a moverme, como un peón más de su tablero.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...