CELINE
Recorrí con la mirada la cálida y elegante habitación.
Pesadas cortinas burdeos tapaban los amplios ventanales y solo el fuego crepitante de una hermosa chimenea dorada al lado de la cama, arrojaba luz en el cuarto.
Miré hacia el techo decorado con pinturas de mujeres y hombres en el bosque; con dos gigantescos candelabros dorados, llenos de adornos cristalizados y velas apagadas.
Todo aquí era tan exótico y hermosamente antiguo, justo como su dueño.
Me incorporé y observé la suave bata blanca sobre mi cuerpo.
Alguien me había cambiado y sabía muy bien que fue él, no iba a dejar a otra persona hacerlo.
Me mordí mi labio inferior, con miles de pensamientos en mi mente mientras colocaba mis pies descalzos sobre la mullida alfombra oscura.
Mis pasos me llevaron directo a un enorme espejo de pie, frente a la masiva cama de sábanas blancas.
Miré mi reflejo y recordé muy bien todo lo que había sucedido, todas mis acciones y que intenté incluso asesinar a mi mate con esa daga.
—Sal de una vez, no te hagas ahora la tímida —la sentí en una esquina de mi mente aguardando, mientras Mía, ya de pie, le gruñía amenazante.
Su aura sangrienta invadió enseguida mis sentidos, los iris de mis ojos cambiaron a carmesí, pero yo era la que controlaba mi propio cuerpo y esta vez, no salió por completo mi transformación vampírica.
—No te voy a encerrar más, no mientras me obedezcas y entiendas que Zarek es mío y yo decido si lo comparto o no contigo, y eso va para las dos —les advertí, no sé por qué razón, pero de alguna manera me siento celosa de mis otras yo.
Mía le gruñe, ella le sisea peligrosamente, siento que esta unión no sigue saliendo muy bien, son dos seres demasiado dominantes, dos poderes muy fuertes dentro de mí.
Espero que mi mate pueda ayudarme con eso.
Me llevo la mano a la cabeza y me duele un poco.
“Mientras no me vuelvas a encerrar, no te lo haré difícil, solo quiero estar con mi compañero, solo deseo ayudarte, Celine, yo… es lo que siempre he querido”
Escucho su voz y solo me quedo en silencio, aceptando que es la pura verdad.
Mi parte de loba Alfa es quien predomina, a Camilla siempre la oculté, pero también mis poderes vampíricos me han salvado las castañas varias veces.
"Mía, ya contrólate"
"No me gusta"
"¡Ella nos ayudó, por lo que sea, no pudiste con el hechizo, así que ahora a callar y aguantar!" le rujo molesta y me gruñe bajo, pero luego se calma.
Estoy harta de luchar contra mí misma.
En eso la puerta suena y me tenso, huelo en el aire y me relajo al sentir ese aroma tan reconfortante.
Camino deprisa y abro el picaporte.
—¡Celine!
—Hermano —lo dejo abrazarme hasta casi estrangularme, yo también lo abrazo como si no lo hubiese visto en siglos.
Después de unos segundos me suelta y comienza a examinarme por todos lados mientras me riñe.
—Te dejo sola unos días y mira como terminas. ¿Estás bien? ¿Ese vampiro arrogante te hizo daño? No tengas miedo porque es poderoso, si te forzó a algo…
Él siempre me cuidó tanto, sacrificó todo por mí y termino confesando que siempre me sentí mal en su mundo.
Repentinamente, una caricia cae sobre mi cabello y lo mueve con suavidad.
Trago el nudo en mi garganta, esa es la mano que siempre curó mis heridas, que me dio de comer, las manos que me protegieron con garras y sangre.
—Entonces estoy feliz, mi pequeña Celine, ya el hermano puede estar tranquilo y decirle a mamá que te entregó a un hombre fuerte que te respeta y te ama, que puede hacerte feliz como te mereces.
—Hermano… —levanto mi cabeza y no puedo controlar las lágrimas que escapan de mis ojos, él solo me sonríe con esa expresión cálida que siempre ha tenido para mí.
—Tu mate me pidió tu mano, me pidió el permiso para reclamarte como su compañera —me asombro al escuchar lo que hizo Zarek.
Eso es una antigua tradición de cuando los mates masculinos le pedían permiso al padre de su compañera para reclamarla.
—Ahora estoy seguro de cuál respuesta darle —muerdo mi labio inferior tembloroso con miles de emociones revoloteando en mi pecho.
— Ven acá, mi llorona, déjame estrecharte en mis brazos por última vez antes de que te llenes de marcas de advertencia y tu príncipe oscuro me quiera desgarrar la yugular por tocarte.
—Que se atreva a amenazarte y le corto sus cositas —le digo sonriendo y arrojándome en su abrazo, con nostalgia y con todo mi amor por él que nunca va a cambiar.
En mi mundo de tormentas, Quinn siempre fue la tabla confiable que me mantuvo a flote.
*****
Esa noche fuimos invitados a la cena en el enorme comedor del castillo bajo la luz de las velas.
Cuando salí del baño, me sorprendí de ver un hermoso vestido turquesa sobre la cama, unos altos botines de cuero e incluso accesorios.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...