CELINE
Debió dejarlos Zarek y la verdad era que el anhelo de verlo crecía más y más en mi corazón.
Me vestí y me miré en el espejo, el apretado corsé definía mi cintura y levantaba mis pechos en el escote cuadrado.
Las mangas algo bajas dejando medio descubiertos mis hombros.
El vestido vaporoso y hermoso caía suavemente hasta el suelo.
“Deberías soltarte la trenza y llevar el cabello suelto, puedes ponerte una cinta.”
Me sorprendí incluso al escuchar la voz tímida de Camilla, sin estar acostumbrada a que me hablara.
Le hice caso, era obvio que tenía más estilo que yo; la verdad es que siempre había sido media marimacha, pero ahora deseaba ponerme hermosa para él. Cerré la gargantilla negra tejida alrededor de mi cuello y me miré satisfecha en el espejo.
“Lo hiciste bien,” le dije intentando suavizar nuestra relación y al fin salí del cuarto.
A medida que mis pasos avanzaban por la mullida alfombra del pasillo, los puños me temblaban un poco y no sabía dónde colocar las manos.
Entonces lo vi, me estaba esperando en el rellano de la escalera, antes de bajar y se giró intercambiando su mirada anhelante con la mía ansiosa.
A veces no podía creer que este macho tan apuesto y masculino, tan ferozmente hermoso, era solo mío.
Vestido de negro, con su túnica bordada en hilos plateados y el cabello oscuro contrastando con su blanca piel.
Sus ojos rubíes indomables me recorrieron intensamente, su deseo me golpeaba como lava ardiendo y su aura me rodeaba posesiva a la vez que se acercaba hasta mí dando poderosas zancadas.
—Si tan solo digo que estás hermosa, sería una mentira total —me tomó de la cintura para pegarme a su cuerpo, acariciando mi mentón con su otra mano y subiendo mi rostro mientras bajaba el suyo.
— Pequeña, nunca pensé que diría esto, pero gracias a la Diosa por crear algo tan perfecto para mí, Celine, no te imaginas lo que te deseo —entonces su boca bajó para hacer estragos en la mía.
Su dedo separó mi labio inferior para colar su lengua profundamente, respiraba agitada mientras su boca me devoraba, me chupaba y lamía, pegada estrechamente a los duros músculos de su pecho.
—Mierd4, tengo que controlarme —masculló contrariado, sentía el palpitar de su hombría contra mi vientre — Esta noche, deja la puerta abierta.
—¿Y si la cierro? Si no la quiero abrir para ti —le respondí alzando la ceja, con una mezcla de seducción y rebeldía.
Esa sonrisa maliciosa que me derretía, apareció en la esquina de su boca a la vez que se inclinaba y la punta de su lengua lamió lento y delicioso mi labio superior.
La cena fue algo extraña, pero no tan incómoda como imaginé.
Me asombré al ver a Gabrielle recuperada, pero luego supe que era una ilusión, solo se veía así dentro del castillo, era una lástima.
De todas formas, era evidente que Zarek y yo no éramos los únicos locos por retirarnos esa noche, mi hermano estaba que se comía con los ojos a su mate.
Me extrañó igualmente ver sirvientes de carne y hueso.
La verdad creí que serían espíritus de esos que controla Zarek, pero parece que el personal de la cocina y demás, se mantuvieron escondidos en sus dependencias detrás del castillo.
Aunque con miedo, se adaptaron a la nueva situación y las órdenes del dueño original.
—Bien, como lo hablamos, Príncipe, nuestra gente está en las tierras del castillo descansando, no quisieron entrar, pero mañana el Rey Aldric vendrá y hablaremos todos —Quinn le dijo, abrazando por la cintura a Gabrielle, parados frente a nosotros.
—Entiendo, Gabrielle conoce todo el manejo del castillo, ella puede hacer lo que desee con el ala que le corresponde —le respondió apretando también mi cintura y era muy obvio que los estaba echando al otro lado del palacio.
Quinn lo miró amenazante, luego a mí y a la mano masculina sobre mi cuerpo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...