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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 175

CELINE

Sus auras enfrentándose como dos machos élites.

Gabrielle y yo nos miramos poniendo los ojos en blanco.

“Hombres,” me susurró en la mente y suspiré dándole la razón, algo divertida por la situación tensa.

—Acepto que la tomes como tu hembra, pero en el momento que le hagas daño, aunque arriesgue mi vida, me la llevaré. Ella nunca ha sido una carga para mí —mi hermano le dijo de repente y la atmósfera se tornó afilada.

—Estoy agradecido de que la hayas cuidado hasta ahora y solo por eso cuentas con mi ayuda siempre que la pidas. Además, somos familia ahora. Puedes estar tranquilo, para mí, mi mate es lo único valioso y más importante de este mundo.

— Jamás le haría daño —le respondió sin titubear y luego bajó la cabeza para observarme.

Así, vi alejarse la ancha espalda de mi hermano y Gabrielle susurrándole algo meloso al oído.

Por alguna razón, ahora que nos quedamos solos me estaba comenzando a sentir nerviosa con un salto en el estómago.

Y todo fue a peor cuando un aliento caliente cayó sobre mi oído.

—Ve ahora a tu habitación y cámbiate con lo que hay sobre la cama, deja solo la gargantilla negra en tu cuello. No demores.

Me estremecí con sus órdenes susurradas roncas en mi oído.

Tragué en seco asintiendo, su olor poderoso embriagando mis sentidos y su palpitante pecho contra mi espalda rígida.

Caminé hacia mi cuarto con las piernas como gelatina y aunque no era ninguna chica virginal me sentía como tal.

—Cálmate Celine, eres una maldit4 loba Alfa, tienes que comerte tú a ese vampiro presuntuoso —me susurré caminando hacia la hermosa caja blanca rectangular sobre la cama.

¿De dónde sacaba todo esto? Por supuesto, dentro de estas paredes, todo era posible para él.

Abrí el lazo negro de satén y casi me muero de vergüenza al sacar su contenido.

—¿Aún puedo pedir el cambio a un mate menos pervertido? —le pregunto a las otras dos que también tienen los ojos como platos.

Suspirando voy al enorme cuarto de baño que es el mismo que apareció en mis fantasías.

Luego de dudar un segundo, me visto o más bien, casi voy sin nada arriba.

Miro al espejo de cuerpo entero, ajustando las correas cruzadas de la mini faldita de encaje negro semitransparente, que se atan a los lados de mis muslos casi expuestos.

Me tapo un poco con los brazos alrededor de la pieza también de encaje negro a juego, que se cruza sobre mis pechos y se asegura detrás del cuello.

La rosada aureola se transparenta por completo y mis pezones ya se están excitando y haciendo un pico que sobresale sobre la diminuta prenda.

Mis piernas, abdomen, espalda entera, todo desnudo.

—Diosa, era mejor ir sin nada. ¿Me pongo alguna bata por encima?

Gemí cuando sus manos subieron acariciando el interior de mis muslos.

Sus afilados caninos mordisquearon la sensible piel de la marca de nacimiento y, como nunca, sentí la necesidad de que me marcara profundo y bebiera de mi vena.

—Sshh, claro que lo haré, bebé —su voz ronca y sexi irrumpió en mis calientes pensamientos— pero no puedo aguantarme más, ahora necesito… Mmm atender esta cosita cachonda que me tiene duro a rabiar…

—Mmm —gemí mordiéndome el labio inferior cuando su rostro se metió entre mis piernas.

Sentía su caliente y agitada respiración sobre mi clítoris, su boca abierta y húmeda sobre mi sexo, por encima del delicado encaje.

—Sshh, estás tan mojada y ni siquiera te he tocado entre estos deliciosos pétalos.

Miré avergonzada a sus ojos que se estrechaban excitados, observándome desde abajo, de rodillas frente a mí.

Aspiraba profundamente el olor de mi vulva y veía su larga lengua lamiéndome lascivamente por encima de la tela.

Gruñía bajo resoplando, haciéndome abrirme más a él con sus manos metidas dentro de la faldita y amasando rudamente mis nalgas, empujando mi pelvis hacia sus labios que me estaban enloqueciendo.

—Sube tu pie sobre mi rodilla —me pidió y lo hice, quedándome más vulnerable, mi centro abierto palpitaba y escurría.

—Ahora ven y toma lo que deseas, fóllame la boca con ese rico coño y no pares de montarme hasta correrte, déjame beber de ti, úsame para tu placer, mi dueña.

Levantó el encaje que protegía mi feminidad y su boca se sumergió entre mis muslos llevándome hasta la cima del éxtasis.

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