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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 331

NARRADORA

—No soy ningún espía. Puedo ir y ser de ayuda —Elliot enseguida se interesó.

Necesitaba saber exactamente qué pasaba aquí.

A pesar de las protestas del tal Tomas, terminó siguiéndolos por el bosque.

Avanzaban rápido, corriendo ágilmente.

Elliot nunca se quedó atrás. Esta velocidad y resistencia no podían ser mantenidas por un elemental normal.

Ninguno de ellos era normal.

****

Se escondieron en cuclillas detrás de grandes rocas, en las alturas de un risco.

Abajo, quedaba un profundo cañón y justo pasaba el ancho río que hacía de límite fronterizo en esta zona de los dos Ducados.

"Elliot, ¿puedes escucharnos?" Aldo intentó de nuevo hablarle en su mente, pero nada; Elliot ni se dio por enterado.

Aldo frunció el ceño.

Este tipo se hacía el desentendido o de verdad no conocía bien sus poderes como ser sobrenatural.

Como sea, los sonidos de cascos de caballos, el arrastre de ruedas y el chapoteo de agua los hicieron prestar atención a lo que sucedía unos metros más allá.

—Abajo —susurró Tomas cuando los jinetes que llegaron a la orilla subieron las antorchas para vigilar el perímetro.

A través de las grietas y rendijas entre las rocas que los resguardaban, observaron las embarcaciones que fueron arribando y encallando en la orilla.

Estaban llenas de pesadas cajas y guardias del otro Ducado.

—Te lo dije, había escuchado bien. Se le escapó a ese bocazas de Peter. Míralo ahí, cargando cajas —Elliot escuchaba la conversación.

Su ceño se fruncía más y más al espiar el contrabando en sus propias fronteras.

—Esas son las mismas cajas que llenamos con los sacos de grano —dijo Aldo entre dientes al presenciar cómo bajaban de unos carruajes grandes cajas que luego eran subidas a las embarcaciones.

A su vez, desde las embarcaciones descendían otras cajas más pequeñas.

—¿Qué traerán hacia acá? —preguntó Elliot.

—Llámame loco, pero juraría que son los bichos que causan las plagas en las cosechas del Duque —respondió Aldo.

Todo eso se veía muy bien planificado, paso a paso para llevarlo directo a la ruina, su misma gente a punto de amotinarse en su contra por la falta de comida.

Elliot tenía que buscar la manera de desmantelar por completo a todos los implicados.

—¿Crees que hay alguna manera de investigar más? —le preguntó de repente a Aldo.

Este se quedó mirándolo pensativo.

—Hace unos días un tipo se nos acercó a Tomas y a mí para proponernos un negocio de peones a cambio de más grano. Le dijimos que no, pero creo que era para esto: para servirles y cargar esas cajas. Si aceptamos, entonces…

—Aldo, ¿estás loco? Eso es demasiado peligroso. No voy a aceptar nada, y menos para husmear. ¿Qué haríamos al final con esa información? Al Duque le importa una mierd4…

330. ESPIANDO AL ENEMIGO 1

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