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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 337

KATHERINE

—Hace como una hora, el Duque te trajo en brazos. Imagínate lo asombrada que estuve, y además me asusté pensando que estarías herida o algo. ¿Qué sucedió exactamente? —me interrogó con rostro preocupado.

—Espera, primero dime de la niña. ¿Está bien? ¿No le hicieron nada en mi ausencia? ¿El mayordomo…?

—No, no. Lavinia está bien. Ahora practica con la maestra de piano en la biblioteca. Ha estado bastante juiciosa, ya ni pregunta por esa mala institutriz —me dice y doy un suspiro de alivio.

Me destapo y bajo los pies descalzos, colgando de la cama.

Nana parece haberme quitado la ropa vieja que llevaba porque voy en pijama.

—Bueno, ¿por dónde empezar…? —suspiro y comienzo a hablarle de la pequeña aventura que vivimos el Duque y yo.

—Mmn, un hueso duro de roer el Duque. Casi lo logras, pero te rechazó al último momento. Parece que tiene un poco más de favoritismo, pero eso no es suficiente —me dice con una mueca decepcionada.

Que se imagine cómo me quedé yo.

—Además, niña, vino una mujer un día. Muy hermosa, de cabello borgoña, piel muy blanca, parecía refinada, casi como una muñequita de porcelana —me comenzó a contar.

Ya podía imaginarme quién era.

—Llegó preguntando por el Duque. Me llamó la atención que todos la trataban con respeto. Casi parecía más la dueña del castillo que tú cuando llegaste haciéndote pasar por Rossella.

—Es su amante, ¿cierto?

—Eso parece —me dice frunciendo el ceño—. Katherine, debes ponerte en guardia. La vi solo un momento, pero a esa mujer se le nota la ambición en la mirada.

—Nana, dime de una vez. Estoy decidida. ¿Qué es eso que tienes que mostrarme? —le pregunté directamente.

Se quedó pensativa, luego se levantó e incluso caminó hasta la salita para revisar la puerta.

Me estaba poniendo nerviosa tanto secretismo.

—Escúchame bien, pequeña. Tu herencia de bruja viene de tu madre —me dice gesticulando con la boca.

Eso era un dato que ya me había imaginado.

—Tu padre… él… lo sabía. Él la descubrió y utilizó algunas de sus cosas a su favor, pero cuando ella las dio a luz, yo estaba ahí. La dejé sola por unos momentos para llevarlas a ustedes a otra habitación. Nacieron muy débiles…

Me cuenta del pasado, sus ojos se nublan y se enrojecen con los fantasmas de sus recuerdos.

—Cuando regresé la encontré muerta, con un charco de sangre saliendo de entre sus piernas abiertas. Yo estaba segura de que había controlado la hemorragia… estaba segura. Lo intenté todo, pero ya era muy tarde —se lleva las manos temblando al rostro.

La dejo que se recomponga para que llegue a donde quiere llegar.

Coloca entonces sobre mi mano extendida un libro pequeñito, como una agenda.

Lo abro con cuidado. Las páginas parecen tan viejas, amarillentas, a punto de desplomarse.

—Nana, no entiendo lo que dice. ¿Esto qué es? —observé los garabatos, los símbolos raros.

—Tu madre sabía el código para desbloquearlo. No me preguntes cómo, no lo sé, pero ahí hay muchos hechizos mágicos útiles. Mira, mira este papelito: ahí está el código. Apréndelo de memoria y elimínalo, Kath —me dice, inclinadas ambas, gesticulando y susurrando.

Me parece tan increíble y peligroso. No sé cómo nana tuvo el valor de guardar algo tan incriminatorio.

—Este hechizo en particular —me dijo señalando una página

—. Una vez ayudé a tu madre a prepararlo. Es como un polvo para adormecer. La persona que lo consume entra en un letargo por un tiempo; puedes hacer lo que desees con ella y luego despierta sin enterarse de nada.

Ambas nos miramos, sabiendo muy bien la utilidad de ese polvo mágico ahora mismo.

—¿Será que “aquello” le funcionará estando así en ese estado? —le pregunté un poco avergonzada, pero mi preocupación era muy válida.

—Bueno, ya de eso te tendrás que encargar tú, ¿no pretenderás que vaya a ayudarte también, no? —bufó socarrona, y solo pude reírme un poco, medio nerviosa.

—Aquí tienes —me dice pasándome una pequeña bolsita de tela oscura.

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