KATHERINE
— Recogí todas las hierbas que dice ahí, las molí y las hice polvo. Esa es la parte fácil; lo difícil es hechizarlo, eso solo lo puede hacer una bruja leyendo este encantamiento.
—Nana, mi magia nunca me funciona cuando lo deseo. ¿Será que esta vez aparecerá?
Esto me está dando dolores de cabeza, un plan con huecos por todos lados
—. Si el Duque se entera…
—Tu madre siempre decía que la magia hay que sentirla con el corazón. Ya en eso no te puedo ayudar, pequeña, tendrás que encontrar el camino por ti misma —me dice poniéndose de pie y palmeando mis manos.
—Apréndete bien todo y guarda ese libro con cuidado, ahora te pertenece y Kath, el tiempo se te acaba —me advierte, y la veo marcharse con su paso suave hasta salir del cuarto y cerrar bien.
Me muerdo la uña con miles de indecisiones en mi mente.
Estoy jugando con fuego, pero no me queda otra opción.
Abro el dichoso manual de brujería y comienzo a estudiar las palabras para adormecer al Duque.
Después me inventaré algo de por qué salí embarazada, quizás por nuestro roce roce en el baño.
No sé si será tan fácil concebir, pero no puedo quedarme de brazos cruzados con la amante acechando.
*****
ELLIOT
—Quiero soldados infiltrados en todos lados, que averigüen en secreto la situación real de las aldeas fronterizas. Los reportes, directo a mí, sellados, sin intermediarios…
Dictaba órdenes a Vittorio y los principales jefes de escuadrones. Mi ejército privado, era uno de los más poderosos de todo el Reino.
Establecí un despliegue masivo en mi Ducado.
Cada piedra, cada grano de trigo, todo lo iba a averiguar.
Me he expandido en estos últimos años, tanto territorio y la confianza en las personas equivocadas, me han traído estas consecuencias.
—Váyanse a hacer su trabajo, y que sepan que estoy evaluando el desempeño de cada uno y su lealtad. Nada más que me sospeche lo mínimo, cortaré la cabeza antes de preguntar.
—¡Sí, su señoría! —respondieron todos al unísono y firme.
—Márchense, menos Vittorio —indico, y veo salir por la puerta a los cinco hombres uniformados.
—Señor, aquí tengo el reporte de la mazmorra. Enseguida comenzó el interrogatorio al Sr. Wallace —me dice pasándome un papel oficial.
—Sigue manteniendo que él no es el espía —me dice, y estrujo el papel en mi mano con ira.
—Espérame, voy contigo a las mazmorras —le digo poniéndome de pie con ímpetu.
Ese maldito hoy me dice qué están tramando en las fronteras.
—¿Ya elegiste al hombre que irá a ayudar a mi contacto en la frontera sur? —le pregunto, porque es obvio que no pienso dejar a Aldo sin respaldo.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...