ELLIOT
—¡Piedad, por favor! ¡Sr. Vittorio… es… es el Duque! ¡POR FAVOR, PIEDAD, SU SEÑORÍA! —uno de los prisioneros se ha puesto a gritar desesperado al vernos pasar, a través de la ventanita en la puerta maciza de acero.
Ha desencadenado toda una sinfonía de súplicas, y eso que aquí abajo hay, si acaso, menos de diez prisioneros esperando a morir.
—¡CÁLLENSE DE UNA VEZ, MALDITOS PERROS, O LOS ASESINO HOY MISMO! —Vittorio les ruge encolerizado.
Los murmullos de llantos se escuchan; yo solo avanzo hasta la puerta al final del pasillo.
El chasquido del látigo es lo que me recibe cuando Vittorio abre la cerradura y empuja la puerta.
Paso adelante; mis ojos se acostumbran enseguida a la escasa luz de la fría habitación, solo iluminada por algunos candelabros de velas anclados en la pared.
De una estructura de madera, en forma de X, está amarrado el que alguna vez fue mi hombre de confianza, con la cabeza colgando, la ropa hecha trizas y cayéndose a pedazos, las heridas sanguinolentas expuestas.
Ni siquiera he visto la espalda, que debe ser lo peor.
Levanto la mano, y el verdugo se detiene de azotarlo.
Wallace da un quejido doloroso; sus ojos desenfocados de repente me descubren parado frente a él y es como si reviviera de nuevo.
—Su… su señoría… yo no… no lo traicioné…
—Salgan todos —ordeno, y Vittorio sale con el otro hombre. Los siento haciendo guardia afuera.
Me acerco hasta el reo.
—Eras el único que sabía de la inspección, que la Duquesa conocía los escondrijos donde guardaban los granos y podía descubrirlos. Además, ¿no fuiste tú quien se encargó personalmente de mi carruaje? —le pregunté con la rabia saliendo entre mis dientes apretados.
—Yo… sí… yo supervisé el carruaje… pero no dije nada más, no…
—¿Entonces sabías que tenía una trampilla secreta debajo? ¡HABLA DE UNA VEZ, MALDIT4 SEA! —me impacienta su balbuceo.
Agarro su cuello y lo aprieto con tanta fuerza que lo comienzo a ahogar.
Mi propia respiración se vuelve irregular.
Aprieto los músculos de la mandíbula para contenerme de no acabarlo aquí mismo.
Sigue negándolo; se hace el confundido.
—¿Sabes qué es lo peor? Que si no lo hubiese vivido en carne propia, a punto de morir, todavía seguiría creyendo en tu rostro de inocencia y tus lágrimas falsas.
Por mi mente pasan las imágenes de ella casi desangrándose en mis brazos, cayendo ambos por el abismo, la desesperación en el río, la fría mano de la muerte amenazándonos en todo momento.
—No… yo no… sa…bía… del… carruaje… —las lágrimas caían de sus ojos en pánico, a punto de salirse de las órbitas.
Luchaba retorciéndose para liberarse de mi mano como un grillete, que se cerraba más y más en su cuello.
—¿Qué está planificando el Duque Thesio? Lo que sea que te pagó, te doy el doble si lo delatas. ¡Dime, Wallace, habla!

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...