KATHERINE
Me di un buen baño caliente, luego de que mi cabeza casi echara humo aprendiéndome todo ese raro hechizo.
Repetía las palabras una y otra vez en mi mente.
Se sentían raras, pero a la vez despertaban algo profundo y vivo en mi pecho.
Le temía y, al mismo tiempo, lo ansiaba.
Cuando salí del baño, me asombró encontrar a dos doncellas esperándome con el cambio de ropa.
—¿Qué hacen ustedes aquí? —les pregunté cerrándome la bata, caminando de prisa y con disimulo hasta el tocador.
—Nos envió la Sra. Prescott, para asistirla en todas sus cosas, su señoría —escuchaba su voz en apariencia respetuosa a mi espalda.
Mis dedos fueron hasta el pomo redondo de madera y tiré de la gavetica del tocador hacia afuera, cerciorándome de que seguía cerrada con llave.
Estaba sudando frío de solo pensar en que alguien descubriría el cuadernito que había guardado ahí por un momento.
Debía ser más precavida.
—No quiero asistentes, pueden marcharse y nunca más entren a mi habitación sin tocar.
—Pero…
—Pero nada —me giré para enfrentarlas.
No les daría de nuevo la oportunidad a ninguna de ellas de subirse sobre mi cabeza.
— ¿Acaso no entiendes mi idioma? Le dicen a la Sra. Prescott que si deseo asistentes, las escojo yo misma. Márchense de mi alcoba.
Bajaron la cabeza asintiendo.
Igual pude ver muy bien el destello de rabia en sus ojos.
Necesito irme ganando la confianza del Duque para tomar un poco del control sobre la servidumbre porque siento que vivo en un nido de víboras.
Después de vestirme, caminé con el cuadernito en la mano y busqué un mejor escondite.
Se me ocurrió detrás del enorme armario.
Me agaché en la esquina y metí mi pequeña mano en el estrecho espacio entre el fondo y la pared.
Era un buen sitio, nadie tendría por qué descubrirlo, ni venir a mover este enorme escaparate pesado, ni siquiera para limpiar.
Dando palmadas, me quité el polvillo. Ahora quedé más tranquila.
Revisé muy bien dentro de mi bolsillo interno, donde llevaba la bolsita preparada por nana.
Debía hechizar esa cosa; veríamos cómo me iba.
Pero ahora, iba a visitar a mi adorado tormento, la persona más importante de todas.
*****
Empujé la puerta que dio un suave chirrido, nana me había dicho que Lavinia se acaba de lavar, que estaba preparándose para dormir.
La encontré frente al enorme espejo de marco dorado, sentada en el banquito de su cómoda.
Como siempre que estaba cerca de ella, me ponía nerviosa, esperando lo peor, culpable en el fondo a pesar de ser otra víctima del destino.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...