NARRADORA
Desde el segundo piso de la enorme y glamurosa Mansión Coral, una mujer observaba furtivamente detrás de la pesada cortina granate.
Las pupilas de Brenda cambiaron de color al descubrir a Elliot bajándose del carruaje.
Enseguida, la brisa nocturna trajo hasta ella esas masculinas y seductoras feromonas que ese macho desprendía, tan poderoso y viril, le encantaba.
Pero su estado de ánimo excitado cambió en cuanto lo vio estirar la mano y apoyar a una mujer de cabello castaño que venía acompañándolo.
Brenda la examinó detenidamente, como una hembra que evalúa a su rival.
Recordaba haberla visto algunas veces, a esa pobre cosa que fingía una clase que no tenía.
Pero hoy… no sabía… algo en esa mujer parecía diferente, proyectaba un aura más confiada, de seguridad indomable.
Llevaba un vestido azul, hermoso, vaporoso.
El talle del corsé le apretaba, haciéndole una cintura estilizada.
El escote cuadrado no podía ocultar la sensualidad de unos pechos rellenos. ¿Esa idiota tenía tanto busto?
Su rostro con un maquillaje delicado, pero era demasiado natural, como si fuera su propia belleza y no coloretes y pinceladas.
Pero Brenda sonrió al verle la joya en su cuello. Bufó, llena de planes malignos.
Sin embargo, luego su mirada de nuevo se trasladó a Elliot y su ceño volvió a fruncirse.
Él la sostenía en su brazo mientras subían las escaleras de la entrada por el jardín.
Eso era lo más alarmante de todo: la actitud de su amante con su esposa.
La forma en que la observaba, sus ojos desviándose sin quererlo a los labios de la Duquesa cuando sonreía, a la curva de sus senos.
La mano del Duque bajaba siempre posesivamente a la cintura femenina cada vez que algún hombre se acercaba a saludarlos en la entrada.
Brenda estaba inquieta. Su instinto de loba le gritaba peligro por todos lados.
Había accedido a soportar la pegajosidad de Thesio solo para congraciarse con Elliot y hacerle el favor que le pidió.
Quería también aprovechar esta oportunidad para hablar más seriamente con el Duque de Everhart.
Ya no se conformaba con ser solo la amante.
Había esperado pacientemente por Elliot, pero no se volvía más joven con el paso de los años y los unían sus secretos, se necesitaban.
No sabía por qué el Duque seguía ofuscado en ese matrimonio infeliz.
—Señorita Brenda, le llegó este mensaje privado —la voz de su doncella de cámara la sacó de sus pensamientos caóticos.
Elliot ya había entrado a la mansión con esa mujer.
Se giró altiva, enojada, y casi le arrebató la nota a la doncella.
Podía apostar a que era de ese pervertido y, por supuesto, lo era. La invitaba a verse en privado después de su presentación en la fiesta.
Brenda bufó, arrugando la nota y lanzándola a la chimenea donde chisporroteó, quemándose enseguida.
—Se… señorita, un mozo espera la respuesta, ¿qué… qué le digo? —la muchacha le preguntó hasta con miedo; conocía demasiado bien el mal carácter de Brenda.
—Le dices que eso depende de cómo me sienta después de la actuación. Ahora no le puedo dar ninguna respuesta, que se marche… —Brenda hizo una mueca despectiva con la mano.
—¡Ah, y tráeme el otro vestido del guardarropa, el más llamativo, y también mi colgante de zafiro! —decidió en el acto, comenzando a desnudarse para cambiarse.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...