NARRADORA
— Duquesa, qué vergüenza. Deborah, ¿por qué mencionaste lo del colgante? —Katherine vio a Brenda haciéndose la asombrada e incluso avergonzada.
Todo esto había sido su plan desde el inicio.
Su hermana debería de estarse revolcando en su tumba porque ahora mismo la estaba maldiciendo de todos los colores.
¿Cómo podría una mujer haber caído tan bajo por un hombre?
—Duquesa, lo lamento, solo le dije a mi amiga sobre el suceso del colgante, digo, que usted… usted creyó que era un obsequio del Duque para su aniversario y, bueno, resultó que no… —le dijo la muy cínica con una sonrisa “culpable”—. Él lo mandó a confeccionar para otra persona.
Ni falta hacía que dijera quién era esa persona; si resultaba obvio, la mujer que llevaba el original en el cuello no era la legítima esposa.
—Al parecer le gustó tanto que mandó hacer una falsificación. Me imagino que con la pensión de noble que le da el Duque, no le alcanzaría para algo tan valioso —murmuró una de las mujeres detrás de ella con evidente malicia.
Katherine apretó los puños agarrándose la falda, repitiéndose que no debía caer en el juego de Brenda, pero a medida que la mujer descubría frente a todos las estupideces de Rossella, su cara se iba cayendo al suelo cada vez más.
—Esto es solo una pieza sencilla que vi en el mercadillo y quise apoyar a los vendedores locales como su Duquesa. Me pegaba con el vestido y me la puse; solo fue una coincidencia —Katherine le dijo la primera tontería que se le ocurrió.
Obviamente, nadie le creyó; las miradas de regodeo, burla e incluso lástima llegaban hasta ella.
No le quedaba de otra que cargar con los pecados y las burradas de Rossella.
—Ah, entonces…
—Entonces nada, “Zafiro” —Katherine cortó con frialdad, lo que sabía sería una palabrería llena de humillaciones.
Hasta aquí había llegado este circo
—. No tengo que dar explicaciones a nadie si voy con una joya sencilla o ataviada con diamantes. Para eso soy una Duquesa, queridas; lo que sea que me ponga me queda bien —agregó, llena de seguridad, levantando la barbilla con altanería.
—Y si me disculpan, saldré a tomar el aire porque la atmósfera aquí es un poco… venenosa. Tenga buena noche, Baronesa Hildaly. Gracias por la compañía.
—Espere, Duquesa… —la señora la llamó con ojos preocupados, pero Katherine no se detuvo.
Salió de la enorme sala llena de mujeres chismosas, asqueada de tanta falsedad.
Caminó sin rumbo por los pasillos hasta llegar a una terraza apartada de la enorme mansión.
Bajó la mano tomando el collar falso y se lo arrancó con rabia a pesar de la marca roja que le quedó en el cuello y el dolor con ardentía en la piel.
Metió el falso colgante dentro de un bolsillo escondido entre las capas y capas del vestido.
Unas lágrimas de ira contenida se les formó en las esquinas de sus ojos, pero la barrió con la mano, con rudeza.
No podía mostrarse frágil y menos por las palabritas ponzoñosas de esa noble engreída.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...