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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 350

NARRADORA

El Duque escuchó los pasos apresurados en el pasillo.

La puerta se abrió y se cerró. Elliot la estaba esperando.

—Elliot, creí que nunca me llamarías —Brenda enseguida caminó hacia él, su loba alborotándose por las feromonas de ese poderoso macho.

A pesar de que el Duque era raro, nunca le había mostrado su lobo interior, ni dejaba acercarse a su loba, pero ellas siempre lo intentaban.

Incluso durante las relaciones sexuales, cuando se salía un poco más de su autocontrol, resultaba bastante hermético.

Brenda no conocía tampoco mucho de su raza; fue una huérfana acogida por unos nobles elementales que no podían tener hijos.

Era una niña linda, aprendió a cantar, a ser obediente y a manipular el corazón de los demás.

Aprendió a esconder su verdadera naturaleza hasta ser descubierta en su primer celo por el poderoso hombre frente a ella, y desde ese día Brenda lo había codiciado realmente en su alma.

Con Elliot podía ser ella misma, sin máscaras, ni mentiras.

—No te me acerques tanto, no sé qué rayos te pasa hoy, pero contrólate y también, tu olor —Elliot hizo una mueca de disgusto.

Estaba bien para cuando tenía sus necesidades, pero hoy no estaba en celo y nunca más lo estaría con ella.

—Elliot, lo lamento. Hice lo que me dijiste, ese pervertido vino, no sabes cómo me acosa… —Zafiro puso cara de inocencia fingida.

—Te agradezco por este favor. Te daré una buena recompensa en oro…

—Elliot, sabes que no deseo tu dinero, amor. ¿Por qué estás tan frío hoy? ¿Por qué la trajiste? Pensé… creí que aprovecharíamos la noche —Brenda dio algunos pasos adelante.

Sus manos fueron a tocar el pecho de Elliot, pero sus muñecas fueron sostenidas en el aire con fuerza.

—Te cité aquí para decirte algo muy claro. Brenda, lo nuestro llegó a su fin. No más, nuestro trato se acabó —le soltó sin misericordia, y la loba por un segundo se quedó en shock, no podía creérselo.

—Esto… esto, ¿es una broma, verdad? —sus ojos comenzaron a ponerse rojos.

Elliot esperaba que no le hiciera una escenita; a ninguno de los dos les convenía.

—Desde el inicio te dije que este trato era temporal. Espero por tu bien que lo aceptes y, Brenda…

El Duque dio un paso adelante, amenazante, sus caninos alargándose sutilmente, el aura aplastante saliendo por sus poros.

No escuchaba nada a través del vidrio, y la ancha espalda de Elliot tapó las lágrimas y el drama de su ex amante.

La Duquesa lo malinterpretó por completo; era obvio que la había dejado sola, humillada en esa sala, para verse con la mujer que de verdad le interesaba.

No lo soportó más y se marchó por el sendero, tragando el nudo en su garganta, las lágrimas picando en sus ojos.

Caminaba más y más deprisa, entre los arbustos, casi corriendo, su respiración agitada, hasta que llegó a una esquina y se apoyó temblando, en la fría pared de la mansión.

Katherine bajó la cabeza y respiró profundo.

—Maldit4 sea… maldit0 hombre… —quería llamarlo infiel, pero lo encontraba tan ridículo. Elliot no le debía nada.

Una lágrima se escabulló, mojando su mano levantada que subía para secarse, pero más y más salían de sus ojos.

Se mordió el labio para que no le temblara incontrolablemente; no podía llorar, no podía darles la satisfacción de descubrir que le hicieron daño.

Ella misma estaba enojada por esta reacción tan tonta, como una mujer de verdad celosa… ¿estaba celosa por Elliot?

Antes de analizar sus propios sentimientos, escuchó unas voces que se acercaban.

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