NARRADORA
La chica le había colocado sutilmente esta esfera en la mano, no la que había tocado realmente.
¿A qué estaba jugando exactamente Elliot? Si es que esto era obra suya.
Los ojos de Kath captaron el momento en que Brenda entró al salón. Iba con otra ropa.
La Duquesa no quería ni imaginar por qué se cambió.
Para qué negarlo, se ahogaba en los inútiles y amargos celos.
Entre risas y bromas, Brenda fue llamada a escoger en el sorteo.
Una idea bastante derrotista se armaba en la mente de Katherine. Ya por hoy se había cansado un poco de aparentar.
Se levantó con sutileza, metiéndose entre la gente, aprovechándose del hecho de que las luces habían bajado y las sombras la amparaban.
Comenzaron a dictarse las parejas.
Cada vez que un hombre gritaba su número, era iluminado por una luz indirecta y luego era el turno de su compañera de intercambios.
Brenda sintió el asqueroso olor de esa mujer, la Duquesa.
Se acercaba hasta su posición.
Se preparó para una escena, quizás le venía a reclamar por el beso falso con el Duque en la biblioteca.
Qué mujer más patética, aún no se creía que Elliot la hubiese preferido.
El hecho fue que solo escuchó el susurrar de su vestido.
Antes de girarse para defenderse, amparada en el furor de las personas, algo redondo fue embutido en su mano, tomándola por sorpresa.
—Toma, sé que te mueres por ocupar mi lugar —Katherine le susurró, dejándole su número y sin esperar respuesta, se escabulló hasta el fondo, saliendo por la puerta discreta, directo a los pasillos exteriores y de ahí hacia la libertad de los jardines.
A Brenda le costó unos segundos procesar qué había sucedido.
Miró hacia abajo, a la bola roja en su mano.
La abrió con cautela para ver dentro el papelito con el número 8 en dorado.
*****
Por su parte, Elliot había perdido de vista a Katherine. ¿Habría ido al baño? Pero, ¿justo ahora?
—¡El turno del excelentísimo Duque de Everhart! ¡¿Quién será la dama que tendrá el honor de obtener un tesoro del acaudalado Duque, uno de los hombres más ricos del Reino?! —la luz y la atención de todos se posó sobre él.
No le quedó más remedio que seguir con esto. Katherine saldría al escuchar su número… suponía.
—Número 8 —Elliot dijo mirando hacia el otro lado del extenso salón. Solo eran algunos metros y ahora le pareció un mundo de distancia.
La buscaba ansiosamente, disimulando el cambio de sus pupilas para escanear el ambiente “misterioso” del otro lado, lleno de vestidos, de risas femeninas y perfumes asfixiantes.
“Nena, ¿dónde estás?”

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...