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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 367

NARRADORA

HORAS ANTES EN LAS TIERRAS DEL DUQUE THESIO…

—Aldo, Gordon y yo vamos a entrar para hablar con el capataz. Lo entretendremos el mayor tiempo posible, es su oportunidad, no la desaprovechen.

Uno de los hombres enviados por Elliot murmuraba al lado del fortachón jornalero.

Alrededor de una fogata, comían pan fresco y una taza de chocolate humeante.

Todo lo mejor siempre para sobornarlos y que traicionaran el bando del Duque de Everhart.

—Bien, Tomas y yo cargaremos las cajas que dejamos más separadas y las llevaremos al sitio acordado. No demoren, se darán cuenta enseguida de que faltamos —Aldo le respondió, dando un bocado al pan.

Sus ojos astutos no dejaban de escanear a los otros jornaleros de los alrededores, igual charlando y comiendo antes de seguir desmontando la mercancía.

Hoy era el día. Le habían dado la oportunidad de acceder a las tierras de Thesio, estaban en su lado del río.

El objetivo era robar sus cajas aquí, porque una vez que cruzaban el río, ya luego eran rápidamente llevadas lejos y los jornaleros comunes no tenían acceso.

Aldo y los demás sabían muy bien qué transportaban desde las tierras del Ducado de Everhart: era comida.

Todo tipo de granos, las cosechas que le estaban robando al pueblo del Duque para crear rebeliones por la hambruna y, además, enriquecer el Ducado de Thesio.

Pero ¿qué tenían esas cajas que cargaban desde aquí hasta la otra orilla?

“Estoy seguro de que son las plagas de los cultivos, escuché como patitas de bichos rasgando la madera cuando me acerqué a una de ellas”, Tomas le dijo en la mente a Aldo.

“Lo que sea, esas dos cajas que separamos, ahora que todos comen, vamos a moverlas rápido al interior del bosque y de ahí al sitio donde espera la barcaza. Tenemos que cruzar el paso del riachuelo para estar a salvo en las tierras del Duque de Everhart.”

Aldo y Tomas se comunicaban entre ellos, en sus mentes.

Las llamas de la fogata daban en el rostro pensativo de Aldo.

Creyó que vería a Elliot, sin embargo, asombró gratamente con lo rápido que había llegado la ayuda y la eficiencia de estos hombres.

Elliot era todo un enigma para Aldo. Ese hombre, ¿quién sería en realidad?

—Bien, llegó el momento. Gordon, vamos —Álvaro se levantó, palmeándose el polvo del trasero y llamando al otro soldado encubierto.

Miró por un segundo a Aldo, que asintió sutilmente. Ya se habían dicho todo lo que había que decir.

Álvaro avanzó seguido por Gordon.

Vio entrar al capataz encargado en la enorme carpa apostada en el claro, ahí comían la gente del Duque Thesio.

—¡Alto! ¿Qué vienen a buscar? — el centinela de la entrada los detuvo.

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