NARRADORA
Estaban atrapados.
Habían logrado colarse en la gruta, pero era solo otro hueco sin salida.
“Aldo, estar aquí es peor”
“Espera, sshhh, no hagas mucho ruido, esperemos, Tomás. Nos costó trabajo encontrar este escondrijo; quizás a ellos igual” Aldo le dijo a su intranquilo amigo.
“Pero los perros…”
Nada más había hecho mentarlos y los oídos agudos de los lobos captaron los sonidos de arañazos sobre la roca.
“Quédate tranquilo” Aldo le ordenó, acercándose a la tenue luz que emanaba de la estrecha entrada.
Sus ojos de depredador miraban con atención hacia el exterior, brillando peligrosamente.
Los perros habían dado con su olor; sin embargo, la enorme roca se había interpuesto en su camino.
No eran tan grandes y ágiles como esos lobos gigantescos.
—Ggggrrr —el lobo de Aldo les lanzó una amenaza baja.
Pasa por aquí y te destrozaré entre mis fauces.
Por muy valientes que fueran esos canes, enseguida interceptaron el gruñido de la bestia escondida en las profundidades y su instinto de supervivencia se hizo cargo de lo demás.
—¿Encontraron algo?
—Parece que no, se fue corriendo a otro lado. ¡Maldit0s chuchos, ya deben tener hambre, se disocian por cualquier olor!
Dieron un suspiro de alivio al escuchar los pasos de unos hombres alejarse de las proximidades.
El refugio natural, amparado en la oscuridad de la noche, por ahora era seguro, ¿pero hasta cuándo?
—¡Formen el campamento aquí y no paren de buscar! ¡No se pueden haber esfumado en la nada! —Arthur ordenó a la vez que se subía en su caballo.
Estaba enojado, tanto corretear por el bosque y esos bandidos habían desaparecido como por arte de magia.
—Señor, encontramos huellas de lobos. Quizás fueron comidos…
—¿Y la sangre, los huesos, la ropa? ¡¿Acaso eres idiota?! —rugió, levantando la pesada bota desde el caballo e impactando en el pecho de su ayudante adjunto.
El hombre casi se cae de culo sobre la tierra, aguantó el dolor con los dientes apretados, intentando mantenerse erguido.
—¡Si no aparecen, lo pagarás con tu pellejo! ¡Busquen en el bosque también la caja, no deben llevarla al otro lado! —ordenó a diestras y siniestras, dejándolos aquí en su búsqueda y dispuesto a regresarse al campamento.
Azuzó el caballo con ira, y el corcel relinchó un poco antes de salir disparado a todo galope.
—Maldit0 desgraciado —el hombre bajó la cabeza y rumió con desprecio, escupiendo al lado un escupitajo con sangre incluida.
—¡Ya escucharon, bastardos! ¡Busquen bien o sus cabezas también rodarán! —gritó, descargando su enojo con los hombres que quedaron a su cargo.
Armaron un campamento improvisado y comenzaron a peinar el bosque de los alrededores, sin imaginarse que los fugitivos estaban justo bajo sus narices.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...