NARRADORA
—Señorita, no debería estar aquí, ¿qué…?
—Márchate y déjame sola con el prisionero —Alexia le dijo con prepotencia.
—Pero, el general…
—¡Que salgas, te estoy ordenando! Es obvio que no has logrado sacarle nada, probaré suerte —lo interrumpió, exasperada.
A pesar de que no estaba muy convencido, el capataz se marchó, arrojando el atizador a las brasas y dándole una mirada mortal a Álvaro.
Abrió la cortina de la carpa y salió al exterior.
Le chocaba recibir órdenes de esa mujercita, pero ni modo; un coño y dos tetas jalaban más que una carreta, y ella tenía encandilado al general Arthur.
—Querida, qué sorpresa que me vinieses a visitar —Álvaro intentó darle una sonrisa media torcida.
—Déjate de idioteces, Álvaro, estás acabado. No creas que Arthur es tan benevolente, pero si hablas, hay una oportunidad. Ayúdame y yo hablaré por ti, únete a este bando…
—Así que por ese pendejo fue que me dejaste —comenzó a reírse ronco.
El ardor en su garganta era insoportable, sus pulmones desgarrados, pero el sarcasmo exudaba de su cuerpo maltrecho
— Por supuesto, un general por un simple soldado, ya lo veo claro. Me imagino que le habrás contado todos los detalles del Ducado. ¿Acaso el Arthurito sabe que fuiste también mi prometida? ¿Que la primera vez de ese coñito la tuve yo?
—¡Cállate!
—¡NO!, ¡Cállate tú, Alexia! —le rugió con la sangre manchando entre sus dientes.
Su pecho subía y bajaba congestionado, y la desilusión lo ahogaba, no estaba tan tranquilo como deseaba aparentar.
Desde que la vio llegando al lado de ese hombre, en el bando del enemigo, la herida que creía cerrada en su corazón, volvía a supurar.
Esta mujer, esa mujer había sido todo su mundo, y unos días antes de su boda simplemente lo abandonó sin ninguna explicación convincente.
Que necesitaba replantearse su compromiso, pensarlo mejor.
Se escapó, dejándolo en ridículo frente a sus familiares y amigos cercanos, humillado, y la madre de ella fue la primera en apoyarla.
Álvaro entendió que conspiraban en contra del Ducado desde esos momentos.
Tenían información privilegiada e importante sobre la vida de Elliot Everhart.
—¿Cómo pudiste morder la mano del Duque? ¡Tu maldit4 familia y tú, más que nadie, deberían estarle agradecidos! —Álvaro comenzó a insultarla.
Alexia apretó los puños al costado de su vestido.
Maldit4 sea, debió permitir que lo asesinaran por idiota, pero no podía mirar al lado.
¡¿Por qué razón simplemente no podía dejarlo morir?!
—Álvaro, te doy una última oportunidad. Dime algo importante, un dato, algo…
Una escupida cayó sobre la tela de su costoso vestido.
—Vete al carajo, prostituta… —Álvaro le respondió con odio
—. Es mejor que me mates, Alexia, porque si vivo, iré directo a arrancarte la cabeza y luego la de tu madre, la “honorable” Sra. Prescott.
Alexia lo miró; su mano temblando fue a revisarse entre las capas del vestido y sacó una pequeña daga, anclada en una correa alrededor de su muslo.
Desenfundó la afilada hoja y llevó la punta mortal hacia adelante, cerca del cuello de Álvaro, que solo la miraba fijamente, tan frío y decepcionado.
Recordaba cuando esos ojos oscuros la devoraban con pasión y devoción.
—Tuve que hacerlo, Álvaro, por mi familia. Siempre seríamos unos sirvientes, yo… yo quería algo que tú no me podías dar… —algunas lágrimas se escaparon de sus ojos mientras intentaba justificar su traición.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...