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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 373

NARRADORA

Tomas comenzó a ladrar en su mente; Aldo no pudo contradecirlo.

Los habían descubierto.

“Prepárate para salir detrás de mí a luchar. No podemos dejar que nos encierren aquí o estamos acabados”.

Le indicó comenzando a gatear hacia la salida. Sospechaba de las intenciones de sus asediadores.

—¡Traigan la leña, de prisa, viertan el líquido acelerante! —el hombre ya podía saborear su victoria.

A la luz del día y con la ayuda de los perros y las huellas descubrieron que detrás de esa barrera natural había una estrecha entrada.

Solo se temía que tuviese otra salida, pero tampoco nadie se arriesgaría a comprobarlo; la mejor opción era prender fuego y ver si las ratas salían.

—Apílala bien —los hombres se movían cargando los fajos de hierba seca y ramitas del bosque.

El adjunto avanzó montado en su corcel, todo heroico, antorcha en mano y el fuego rugiendo en su corazón.

Si lograba erradicar a sobrenaturales, podía pedir incluso la recompensa que ofrecía el palacio.

El Regente lo ascendería; quizás le daría un territorio para gobernar, miles de pajas mentales surcando su mente de idiota.

—Estén preparados, desenvainen las espadas y los arcos —murmuró dirigiendo al caballo para que se acercara más a la roca llena de leña.

De repente el animal se puso muy nervioso, corcoveando, sintiendo el peligro, el gruñido bajo que llegaba a sus oídos.

—¡Avanza, idiota, deja de ser cobarde! ¡Si no avanzas, te haré fricasé! —lo espoleaba con saña y el animal solo dio unos pasos más, dubitativo.

—Maldición —masculló con odio y decidió bajarse—. Todos alertas.

Ordenó desenvainando la espada de la funda al lado de la cadera, un paso, otro, se inclinó para mirar por un resquicio entre la roca y la ladera del farallón.

—Joder —dio un paso atrás al descubrir, sumido en la oscuridad, unos ojos de bestia llenos de ira que lo hicieron temblar de los pies a la cabeza.

¡Sí que estaban ahí, no habían escapado!

Dando algunos pasos atrás y con una sonrisa siniestra, bajó el fuego dispuesto a crear caos.

A solo centímetros de la hierba seca…

—¡Aaahhh! —un grito que hizo eco en las altas paredes del cañón detuvo sus acciones.

—¡Nos atacan por la retaguardia, m*****a sea! ¡A las armas, defiendan sus posiciones! —el alarido de los primeros en reaccionar puso en acción al resto de los soldados.

El segundón miró hacia el bosque que los rodeaba, de donde un grupo de soldados salieron corriendo como salvajes enardecidos, tirando flechas certeras y con armas asesinas en las manos.

Frente a ellos, un enorme pelinegro rugiendo con la espada en alto.

La vio bajarla y cosechar la primera cabeza del soldado que aún no había reaccionado.

Era el Duque de Everhart; lo reconocería donde fuese, su valentía y fiereza en las batallas, era un rumor más que cierto.

—¡Defiendan el campamento, somos más que ellos, no se dejen intimi…! ¡Buaj!

Una bocanada de sangre salió a presión de entre sus labios.

372. UNA RATA ESCURRIDIZA 1

372. UNA RATA ESCURRIDIZA 2

372. UNA RATA ESCURRIDIZA 3

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