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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 374

NARRADORA

Su pierna se fracturó de una vez, haciéndose astillas los huesos, cuando un poderoso tronco le cortó el paso.

Apareció como de la nada, esgrimido por las rudas manos de un hombre apostado detrás de un árbol.

Nicolais cayó estrepitosamente rodando por el suelo, enseguida girándose para enfrentarlos.

—¡Por favor! —sollozó, arrastrándose sobre la tierra húmeda, el dolor vibrando en cada palabra—. ¡No diré nada, déjenme ir! ¡Tengo familia, tengo hijos y esposa!

Vio aparecer en su visión a los dos hombres desnudos.

Lo estaban esperando; nunca tuvo una oportunidad real de escapar.

—Lo lamento, pero yo también tengo familia —Aldo le respondió antes de abalanzarse sobre el soldado y desgarrarle la garganta con las afiladas uñas.

Su grito de muerte se perdió en la inmensidad del bosque.

—Aldo, viene Elliot —Tomas le avisó girándose para esperar al pelinegro que avanzaba raudo por los matorrales del bosque profundo.

—¿Están bien? —Elliot dio un suspiro de alivio al encontrarlos a salvo.

Miró solo un segundo el cuerpo desangrado del soldado en el suelo.

—Gracias a que llegaste a tiempo; si no, saldríamos a luchar hasta las últimas consecuencias —Aldo estiró el brazo y Elliot entrelazó sus antebrazos en un saludo de hermanos de armas.

Tomas avanzó e hizo lo mismo.

—¿Alguien más escapó del asedio? —preguntó preocupado.

—Por lo menos no por aquí, hemos estado vigilando las fugas —Tomas le respondió.

—Bien, debemos apurarnos. Pienso atacar el campamento de Thesio, esta es nuestra oportunidad —el Duque les dijo con prisas—. Les traje algo de ropa, vístanse.

Le arrojó el morral que había cargado cuando salió en su búsqueda, dejando a Vittorio encargado de limpiar el campo de batalla.

—¿Cómo nos encontraste? ¿Gordon llegó con la caja? —Aldo le preguntó mientras agarraba unos pantalones que Elliot le quitó a un cadáver y se los ponía.

—Sí llegó, la evidencia está a salvo, gracias a ustedes, chicos. Debemos salvar a Álvaro —Elliot le respondió, su mente planificando todo tipo de estrategias.

—¿Y su Señoría? ¿Dio permiso para este ataque? Digo, esto es una declaración de guerra contra el Duque Thesio; estamos en su territorio.

Aldo dijo sus preocupaciones mientras se bajaban a tirones la camisa y comenzaban a avanzar de regreso a los caballos.

—Precisamente por eso debemos atacar ahora. Con la mercancía en nuestras manos, tenemos pruebas. Tiene el sello de Thesio y me dijeron que se trataba de hechicería, así que eso lo incrimina. No se va a atrever a acusarnos frente al Regente —Elliot le contaba sus planes.

—Espera… pero, Elliot, ¿y si aparece Thesio? De seguro ya le avisaron sus hombres —Aldo lo agarró del brazo y lo hizo girarse.

Había demasiadas variantes peligrosas en esta ecuación.

—Aldo, nadie puede quedar vivo en ese campamento, ¿entiendes? Ni siquiera Thesio. Si aparece, peor para él porque me va a poner en bandeja de plata su cabeza —Elliot le respondió con fuego en la mirada.

373. YO SOY EL DUQUE 1

373. YO SOY EL DUQUE 2

373. YO SOY EL DUQUE 3

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