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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 383

NARRADORA

El impacto fue brutal; el aire de la mujer se escapó de sus pulmones con un jadeo ahogado mientras su cabeza chocaba contra la piedra.

El dolor fue inmediato y cegador.

Katherine sintió que el mundo giraba a su alrededor antes de desplomarse, sin fuerzas, sobre la mullida alfombra.

Su visión se nublaba y desde el suelo, apenas pudo distinguir a Francis alejándose, una sombra que desaparecía por la puerta.

*****

Mientras tanto, Francis corría como un condenado por el pasillo, esquivando a algunas doncellas que revisaban las habitaciones, internándose en un área abandonada.

El “tesoro” que se robó en las manos, directo hacia el ala de los difuntos Duques, donde casi nadie buscaba y se encontraba su boleto de salida de esta prisión.

*****

KATHERINE

— ¡Señora! - en medio de mi nebulosa escuché un grito femenino que me llamaba y unas manos que intentaban incorporarme.

Mis ojos algo turbios lograron concentrarse por un segundo.

Era una doncella y dos mozos que me ayudaban, parece que me habían escuchado gritar.

— El ... el hombre, ¡Francis, él estaba aquí, búsquenlo!

— Pero usted no está bien…

— No se preocupen por mí, él, él debe andar cerca - mascullé con un dolor de cabeza agonizante, ese golpe bruto me había removido todo el cerebro.

Los vi marcharse, me levanté del sillón donde me habían dejado y caminé a la cómoda revisando el desastre dejado atrás.

Ese ratero se había llevado las baratijas de Rossella, pero nada de eso me importaba, sino mi tesoro, mi verdadero tesoro.

— Hija, te he fallado de nuevo, volví a hacer todo mal, Lavinia, volví a dejarte sola…— me quebré bajando la cabeza y apoyándome en la cómoda, mis lágrimas caían mojando mis manos sobre la madera.

Me sacudía con los sollozos que ahogaban mi garganta.

Cerré los ojos intentando calmarme, pero de solo imaginarme miles de escenarios, lo que le podían estar haciendo, me entraba pánico paralizante.

¿Por qué se la llevaron a ella, para qué? ¿Pedir un rescate, más dinero?

Mis piernas cedieron y caí sentada de golpe, el pecho me dolía demasiado, tanto, que pensé que el corazón se me partiría en dos, el llanto ronco escapaba de entre mis labios pálidos.

Pero en medio de mi desesperación de madre, de mi instante vulnerable, algo ardió como una quemadura en mi mano.

— ¡Ashh! —siseé levantando la palma derecha y descubriendo la marca de un círculo rojo, con un símbolo raro en el centro.

¿Eso que cosa era?

Parecía grabado a fuego, entonces recordé que tuve una sensación parecida mientras luchaba con ese bandido.

— Mi magia - murmuré secándome con rapidez las lágrimas.

A veces se me olvidaba ese don o maldición, el hecho es que tenía la esperanza de que esta vez me ayudase.

“Por favor, te lo suplico, asísteme para encontrar a mi hija” cerré los ojos implorando.

Las pestañas se abanicaban nerviosas, ¡todo me tiritaba, por todos los cielos, estaba con el corazón en un puño!

Comencé a respirar agitado, la agonía en mi cabeza iba en aumento, pero en medio de tanta oscuridad “vi” un rastro.

Una especie de línea roja de energía mágica que conectaba mi marca con la de ese infeliz, como un rastreador.

Me levanté de golpe, intentando mantener la sensación mientras salía desbocada corriendo, abajo se escuchaban los sonidos de la servidumbre, e incluso en el segundo piso rebuscaban.

Estiré la mano con algo de miedo ¿Y si me esperaba adentro, escondido?

Decidí mirar a mi alrededor, tomé un florero pesado lleno de flores marchitas y podridas que saqué para utilizar el vidrio como un arma improvisada.

Esgrimiendo mi jarrón, ahora si me dispuse a darle a la palanca de abertura.

Mis dedos fríos tocaron el pomo redondo, bajándolo, a la vez que mi corazón latía como un tambor en carnaval.

Estaba lista para todo, incluso me alejé un poco, pero nada me preparó para el hecho de encontrar solo un espacio vacío y demasiado grande para ser un simple montaplatos.

Mi mente, pensando frenéticamente, mirando fijamente al agujero oscuro, cuadrado y claustrofóbico que se hundía en la gruesa pared.

Sudaba a raudales, tenía miedo traumático.

Recordaba que uno de los “tratamientos” del loquero, era encerrarme en un cuartito así, justo como este espacio por días y días.

— Es por tu hija, Kath es por ella - me daba ánimo, pero todo mi cuerpo se resistía a cada paso, mi cerebro confundía escenas del pasado con el presente.

Aun así, arrojé el jarrón y me remangué el vestido.

Mi mano pálida se apoyó en el borde frío de metal y madera.

El montaplatos se tambaleó peligrosamente.

Cerré los ojos con mareos, el pecho congestionado, pero me obligué a subir las piernas y treparme, enclaustrándome entre esas cuatro paredes, sentada, con las rodillas pegadas a mi pecho.

Miré a la habitación del guardarropa dejada atrás, sabía que esto era una completa locura, pero di el último paso y activé una palanca roja que vi a un lado.

El mecanismo se puso en marcha.

Casi me arrojo hacia afuera de cabeza cuando las puertas comenzaron a cerrarse, pero la determinación de encontrar a mi hija podía más que todos mis miedos.

Me aferré a las paredes laterales, a la vez que era engullida por la oscuridad y con el vibrar de las sacudidas, iba descendiendo más y más hacia un lugar subterráneo desconocido y peligroso.

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