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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 393

KATHERINE

Levanté bien la cabeza mirando a todos lados con curiosidad.

El camino de piedra apenas se veía por el manto de hojas muertas que cubrían todo el suelo.

La vieja mansión, más bien parecía una casona decrépita, con las altas estatuas de los tejadillos manchadas de negro y llenas de estiércol de aves.

Me imagino que al morir mi “querido” padre, Rossella nunca más puso un pie aquí.

—Elliot, ya me puedes bajar —le pedí con voz suave.

Mis dedos picaban por acariciar la oreja peluda y cómica que se movía delante de mis ojos, pero aún me quedaban reservas con esta impresionante transformación.

Con un gruñido bajo, avanzó un poco más por el jardín delantero, los canteros atestados de hierbas salvajes que me cubrirían y con mosquitos zumbando por la maleza.

El croar de las ranas en el agua verde y estancada de una fuente cercana se podía escuchar muy claro.

Elliot se acuclilló y así estiré mis pies hasta tocar los peldaños de las escaleras principales.

—Sshh —siseé un poco, cojeando, con todas las heridas pasándome factura.

Lo vi darse la vuelta enseguida, aun con Lavinia en sus brazos.

Su pata delantera, muy parecida a la forma de una mano humana, se estiró con delicadeza hasta mis piernas expuestas, una de las rodillas en carne viva.

—No te preocupes, solo es un rasguño —susurré mirando a esos ojos penetrantes que ahora me parecían fascinantes.

—. ¿Cómo está nuestra hija?

Me incliné para verla dormitando.

Durante el camino tomó conciencia y, al ver a Elliot, obviamente se volvió a desmayar de la conmoción.

Pobrecita mía, después a ver cómo le quito todos estos traumas.

El poderoso lobo volvió a gruñirme bajo.

La verdad es que no entiendo nada, ni sé por qué no se vuelve a convertir en su forma humana.

Antes de formular mis dudas, me empujó con suavidad para que subiera los peldaños restantes.

Entonces, frente a él, pasé a la mansión que había iniciado toda la relación de odio entre mi padre y el Duque.

Una puerta doble guardaba la entrada.

Pasando el amplio portal, las hojas de vitrales, que fueron de colores vivos alguna vez, ahora se opacaban por una capa de polvo que apenas dejaba ver los adornos coloridos.

Tomé el frío picaporte, sintiendo la presencia de mi lobo en la espalda, lo cual me dio más seguridad.

Lo accioné y ¡track! ¡track! ¡track! Cerrada, como era de suponerse.

Una mano peluda pasó por al lado de mi cintura y se colocó sobre la mía en el picaporte.

¡CRACK!

Así de fácil, con fuerza bien bestial, la antigua cerradura cedió por completo, permitiéndonos la entrada con un chirrido espeluznante.

Mis botines sucios atravesaron el umbral y me adentré al recibidor.

—Cof, cof, cof — comencé a toser llevando la mano a mi boca; el polvo subió desde las losas del suelo para darnos la bienvenida.

El retumbar de unos pasos se escuchó a mi espalda.

Me giré, preocupada de que no pudiese acceder y, ciertamente, casi se lleva el marco de la puerta con ese cuerpazo.

—Elliot, ¿no puedes cambiar? —le pregunté al fin un poco preocupada, acercándome a Lavinia para comprobar que seguía bien.

Un resoplido se escuchó en lo alto. Alcé la cabeza para verlo negando.

La verdad es que se veía tan lindo cuando no estaba descuartizando personas.

¿Por qué no podía transformarse?

Ni idea, pero lo seguí cuando comenzó a adentrarse a un lado del recibidor, que solo lo ocupaba las anchas escaleras de madera conectando al segundo piso.

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