***ADVERTENCIA*** En este capítulo aparecen referencias a actos un poco extremos entre el Lycan de Elliot y Katherine, que se puede interpretar con bestialidad, así que, si piensa que le va a incomodar, por favor sáltese los capítulos relacionados.
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ELLIOT
“Ggggrrr… mmmm, qué rico, más cariño, ofréceme más… ssshhhh, sabes a pura gloria, pequeña… mmm… mucho mejor que sentirte a través del idiota de mi humano…”
Ni siquiera respondí a los insultos de mi lobo, ido en su lujuria descarada, comiéndose los pechos de mi mujer.
Experimentaba a través de sus sensaciones y mierd4, esto era tan caliente.
Gemía con él, sentía las mismas ganas desesperadas de montarla que Vorath, nuestro cuerpo vibrando y endureciéndose.
Los jadeos bajos que salían de entre sus labios abiertos nos tenían con la polla cada vez más firme.
"Sshhhh… baja más, más… " mi voz ronca pedía lo que nuestros pensamientos impuros anhelaban.
"No me digas… mmmm… cómo tengo que follarme a mi hembra… maldito traidor… sshhhh, abre más las piernas para tu macho, cariño… mmmm, déjame probarte el coño…"
Esta situación, que había comenzado como una manera de entretenerla para alimentarla en un descuido, iba tomando un rumbo cada vez más picante y peligroso.
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KATHERINE
Esto estaba mal, tan mal, ¡pero se sentía tan delicioso!
Los sensibles pezones eran deliciosamente torturados, la saliva me corría por la piel, su aliento caliente, bestial, resoplaba con su excitación.
Tomé sus orejas y acaricié su enorme cabeza inclinada bajo mi barbilla.
—Mmmm, cariño… sshhh —me mordía el labio inferior, intentaba no gritar como zorra para no despertar a Lavinia.
Creo que debería estar procesando el poder de la sangre lycan.
No, no, es peligroso hacer esto aquí, pero pasé la llave a la puerta y… Mmmm…
Subí mi pelvis con las piernas abiertas, él metido entre ellas, la humedad se acumulaba en mi coño, cosquilleaba pidiendo atención.
Comencé a menearme contra la dureza de sus músculos, el pelaje me traía una placentera y morbosa sensación.
El olor intenso a bergamota nublaba mis sentidos.
Resoplando, lo sentí descender por mi cuerpo, gruñendo dominante.
Sus garras afiladas se metieron por debajo de la falda corta, remangada hasta la indecencia.
Abrí los ojos, intoxicada en lujuria, para verlo tomar mi pierna, elevándola un poco en el aire y comenzó a pasarme delicadamente la lengua.
En cada magulladura, cada corte y herida. Demoró en la rodilla, con paciencia, una y otra vez.
Cosquilleaba en la zona, pero noté que su saliva también era magia pura como su sangre; no sané por completo, pero el dolor prácticamente se desvaneció.
—Espera, Elliot, no, no deberíamos… —mis palabras se quedaron atascadas con el gemido entre dientes que salió de mi garganta.
Subió por mis muslos, sus manos de bestia me los separaron, apenas una fina capa del volante lo separaba de mi mojada intimidad.
Apoyada en los codos, observé a la bestia feroz abrir los ojos rubíes mientras colaba la nariz y la hundía en la hendidura cachonda.
—Ssshhh, no… —dije que no, pero abrí más las piernas, dije que no, pero me elevé más hacia su hocico y lo dejé que comenzara a lamerme el coño.
La vergüenza me ponía las mejillas coloradas, pero maldit4 sea, abrí más las piernas para acomodar la poderosa cabeza.
—Sshh… mmm… lámeme, saca tu lengua y lámeme como los pechos —bajé mi mano y agarré una de sus orejas, lo empujé un poco entre mis muslos lascivamente.
—Ah, ah, sí, sí, mmmm… qué rico, cariño… —la flexible punta salió enroscando mi clítoris como hizo con mis pezones, moviéndolo vigorosamente en cada lamida.
Me volvía loca, su respiración caliente caía en mi monte de Venus.
Bajó más su boca llena de afilados dientes, sus fauces de bestia me comieron el coño, la saliva me corría por la raja entre las nalgas mientras me devoraba como el más delicioso manjar.
Veía su cabeza oscura moviéndose entre mis piernas, arqueé mi espalda sobre la alfombra cuando la lengua al fin me folló la vagina, profundo, dando vueltas, gruñendo salvaje.
Las puntas de los caninos acariciaban mi intimidad, era tan peligroso y excitante, tan pecaminoso.
Llevé las manos a mis senos y me los toqueteé, estimulándome aún más, mis ojos entornados solo viendo sombras en el techo y el resplandor del fuego en el hogar.
El cosquilleo en mi vulva aumentaba con su mamada, me retorcía los pezones y manoseaba la tierna carne como él había hecho otras veces cuando hacíamos el amor.
—Aaahmmmm… —me tapé la boca con la mano, elevando mi pelvis, las nalgas contraídas y salpicando su hocico con mi ardiente corrida.
Sus garras me sujetaron del trasero, cargándome separada del suelo, obligándome a venirme por completo entre sus fauces.
Aahh, qué rico, tan bueno, mmmm, mis pliegues se contraían llevándome al éxtasis, mi mente medio borracha del placer, la lengua se retorcía chupando mis jugos cachondos.
Él estaba excitado, muy excitado, y saber que era por mí, que esta bestia se rendía a mis encantos, me hacía quererle devolver el favor a su anaconda feliz, aunque me quedara sin mandíbula.
Abanicando mis pestañas, agitada, respirando por la boca, fui agarrada de repente por la cintura.
—¡Elliot…! —lo llamé aun sin recuperarme, mi espalda fue sostenida, mi cuerpo entero manipulado hasta colocarme sobre él.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...