KATHERINE
Mis piernas por completo abiertas, sentada sobre sus muslos, mi coño cayó justo encima de ese duro eje.
—Mmm… —me estremecí con la calentura que desprendía, su gruñido retumbó por encima de mi cabeza, sus garras en mis caderas me urgían a cabalgarlo más íntimamente.
Sentía su lujuria palpitar entre mis pétalos abiertos.
—Sshhh… —gemí metiéndome en el pelaje de su pecho, oliendo ese aroma a cítricos dulces que me llevaba a desear locuras
—. Eres muy… muy grande en esta forma, yo no puedo… mmm, cariño, sshh… tan caliente… aahh…
Comenzó a dirigir mis movimientos, a dominar mis caderas, a obligarme a pasar toda mi empapada intimidad arriba y abajo, pintando mis jugos sobre esa polla gigantesca.
Lo peor de todo es que llegué a hacerlo por propia iniciativa.
Me aferré a sus pectorales y empecé a menearme sobre él, a calentarme por completo con ese juego retorcido, con solo la fricción de nuestros genitales.
—Ah, ah, ah… —mi boca entreabierta no paraba de jadear contra su torso.
Elliot gruñía desquiciado, desesperado, me movía cada vez más fuerte y vigoroso, la llama a punto de prenderse entre nosotros.
Me acababa de venir y me sentía de nuevo al límite, la enorme bestia de repente se recostó un poco hacia atrás, empujando mi espalda, llevándome sobre él.
En medio de mi lascivia, de estar cabalgando sobre su poderosa verga, un olor dulzón inundó mis sentidos, muy cerca de mi nariz, no sé.
Quise abrir los ojos, joder, estaba al venirme, gemía cachonda, los gruñidos de Elliot parecían los de una bestia en celo.
Mi cabeza fue empujada hacia delante, me aferré a sus pectorales, mis labios tocaron un líquido tibio que mojó mi boca.
Tragué por instinto y de ahí no hubo vuelta atrás.
Supe que era su sangre en el fondo de mi mente llena de sexo, pero esa magia dentro de mí me llevó a chupar de su vitalidad.
Nada de asco, solo un hambre voraz y desorbitante.
Era puro poder, energía que necesitaba mi cuerpo atrofiado, encajé mis dientes y tomé de la sangre cercana a su corazón, alimentándome de mi macho y sanando todas mis heridas.
Abajo, su polla seguía trabajando mi coño derretido sobre ella, no sé cuánto tiempo pasó, pero me sentía llena, repleta y solo tenía otra necesidad imperiosa que saciar.
Elliot también no pudo aguantar más.
Con un rugido descontrolado, bajó la cabeza y lamió mis labios, en un beso de sangre y sexo.
Volvió a sostenerme como su muñeca del placer, me desmontó de su cuerpo, miré a su hombría mucho más gruesa y grande, llena de restos blancos y lechosos, la punta roja como una fresa que moría por devorar.
Me relamí con lujuria, nuestras miradas se enredaron llenas de promesas ardientes.
—Aahh… —Elliot me sostuvo para ponerme en cuatro, mirando hacia el fuego, con las nalgas empinadas hacia él.
Sudaba profusamente, mi corazón galopaba en mi pecho.
De repente comencé a tener algo de temor, ¿de verdad me lo haría en esa forma animal?
Era nuestra, esta hembra tan increíble nos pertenecía.
“Oh sí, pequeña, joder, me estás apretando a punto de sacar mi semilla… ggrrr… más, más adentro de tu coño, métela más, así bebé, así… sshhh… tan resbalosa… Kath, te amo, joder, qué rico… te amo nena mmmm…”
Mi lobo perdía cabeza de pura lascivia, los músculos tensos de la bestia a punto de explotar, cediéndole el control a Katherine para no lastimarla, pero ella no lo estaba poniendo nada fácil.
Esa mujer era puro fuego, violándonos descaradamente, decía que solo la punta y su funda lujuriosa llevaba media polla clavada.
El delicioso masaje apretado de sus músculos vaginales nos tenía con los testículos endurecidos.
Cada vez era más insoportable mantenernos quietos.
“Pon tu mano en la base como tope… mmm… joder… y embístela suave, no enloquezcas… sshhh… no puedes lastimarla” le ordené, borracho de tantas sensaciones excitantes.
Pensé que protestaría, pero gruñendo como un animal salvaje, solo pensaba en follársela hasta anudarla.
Apretándose el grueso miembro y disminuyendo la longitud, empezó a embestirla, hasta con miedo al inicio, pero ella, ardiendo bajo nuestro cuerpo, en posición de apareamiento, iluminada por la luz de la chimenea, nos llevaba a los oscuros y pervertidos límites.
Lamiendo el sudor a lo largo de su frágil columna, Vorath montó a su hembra, joder, tenía la sensación de que era yo mismo jodiendo a mi mujer.
La sombra de una enorme e intimidante bestia, encorvada, penetrando en el hermoso cuerpo de una pequeña mujer.
Los ecos apasionados resonaban en el salón casi en penumbras, fundiéndose con el crepitar de la leña ardiendo.
Ojos enamorados no podían dejar de devorar a la bruja hechicera que nos llenaba el alma y el cuerpo del más puro placer.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...