KATHERINE
Mi pecho resonaba “boom”, “boom”, “boom” con los latidos apresurados de mi corazón.
La imagen se volvió tan nítida y real en mi mente.
Era hermoso, el pelaje brillaba en castaño oscuro, sus pupilas rojas salvajes parecían mirarme directo al alma.
Me quedé muda por un instante, no sabía qué decirle, jamás pensé que esa presencia pudiese invadir así mis sentidos.
“Yo… yo no te quise lastimar, cariño, solo… solo me gustas demasiado, mi hembra. Puedo parecer intimidante, pero lo de hoy, lo del bosque… yo solo soy así con nuestros enemigos”, comenzó a balbucear palabras en mi mente.
Dio varios pasos dudosos, a pesar de ser un lobo poderoso, con una aura tan agresiva, podía ver la incertidumbre en sus orbes.
Cosita linda, tan esponjoso y preocupado por mis sentimientos.
“¿Me temes? ¿Tú… odias estar emparejada con una bestia sanguinaria?”
—¡No! —respondí con mi boca—. Elliot, dile que no, amor, yo no lo odio.
Comencé a responderle también apremiante, saliendo de mi estupefacción, intentando girarme, pero esa cosa gruesa aún se mantenía en mi interior.
Una risa ronca se escuchó contra mi nuca, lamidas suave que aliviaban el ardor de la marca de sus dientes.
—Él te puede escuchar, nena. Intenta usar el vínculo en tu mente. Sé que es difícil, joder, incluso yo estoy aprendiendo —Elliot me respondió y volví a acurrucarme contra sus brazos.
Desnudos, sudados, piel con piel, mi cabeza sobre su fuerte bíceps. Solo cobijados por el calor del fuego en la chimenea.
“Lobito, yo no te odio”, pensé con todas las fuerzas de mi corazón, cerrando los ojos. “Tú, eres mi ser protector, gracias por salvarnos”
Un aullido de alegría resonó en mi mente.
Lo veía elevando el hocico hacia la inmensidad del cielo de mi mente.
“Te amo tanto, mi brujita. Voy a cuidarlas, nena. Nunca más pasarán por ningún peligro. No me importa tu pasado, no me importa nada. Tú eres mi hembra, Katherine, tú eres mi mundo entero”.
Unas lágrimas emocionadas brotaron de la esquina de mis ojos.
Sus palabras eran como caricias en mi mente, como un bálsamo, sanando las heridas de un ayer, tan oscuro y vergonzoso.
No mentían, podía sentirlos a través del lazo, ellos me amaban, a mí, solo a mí.
“Yo también los amo tanto, Elliot, Vorath”, confesé sin pensarlo, descubriéndolo yo misma.
Tenía que ser amor, compañeros, compatibilidad, lo que fuera…
Pero ahora que había probado la dulzura de su posesividad, de sus sentimientos intensos, esta calidez en mi pecho, solo de pensar en perderlos, en volver a ser una loca solitaria llena de odios y rencores, me hacía perder de verdad la cabeza.
Elliot me estrechó con fuerza entre sus brazos, me susurró palabras de amor al oído.
Confesé los poderes heredados de mi madre, mi pasado tormentoso, mis secretos… ambos lo hicimos.
Nos confiamos el alma y la vida.
Seríamos el escudo del otro y nadie podría de nuevo amenazar a nuestra familia.
Con esa convicción en mi mente, en esta casa que ha sido testigo de tantas cosas, logré cerrar mis ojos.
— Cariño, cuida a Lavinia… —murmuré antes de caer dormida, exhausta.
—Lo haré, pequeña, lo haremos —un susurro que se perdió en la languidez de mi sueño.
*****
NARRADORA
A muchos kilómetros de la mansión en el pantano…
Brenda estaba acostada sobre la cama con sábanas revueltas y manchas sospechosas por todos los resquicios.
Esa pasión, la locura en la cama… joder, esta mujer superaba sus más pervertidas fantasías.
—Dime para cuándo quieres la boda, el mayordomo hablará contigo los detalles, ¡pero no te marchas más de mi vida, Brenda! —le dijo de repente alzando su mano y agarrando su cuello con una fuerza suficiente para herirla.
—Como se te ocurra estar jugando conmigo, volver de nuevo al lado de Elliot Everhart, juro que te mato con mis propias manos —apretó con la ira de los celos relampagueando en el fondo de sus ojos.
—Suel… táme… Thesio… —Brenda fingió incluso temor, cuando por dentro se reía de este idiota.
Justo así lo deseaba tener, desesperadito por meterse bajo su falda.
—¡Este coñito es mío!, ¿escuchaste? ¡Mío! —le metió la mano entre las piernas.
Brenda dio un gritito de gemido cuando los dos dedos penetraron de golpe y comenzaron a moverse en su interior.
—Dime, ¿a quién perteneces, Zafiro? ¡¿A quién?! —agarró con fuerza su cabello por detrás, controlando su cabeza, obligándola a mirarlo, mientras la masturbaba rápido, implacable.
—Tuya… aahh… del Duque Thesio… mmmmm… ¡aahh!
Brenda se dejó arrojar sobre el diván con las piernas abiertas y el cuerpo fuerte de Thesio entre ellas.
Se retiró la toalla de golpe, tomando el miembro erecto y sacando los dedos para sustituirlos por su polla.
El gemido cachondo femenino se escuchó en el cuarto cuando la ardiente vara empujó dentro de los pliegues vaginales.
Thesio jadeaba como animal contra sus tetas, mordiéndola y pellizcándola, buscando su propio placer en embestidas duras y rápidas.
Brenda se aferró a su espalda, gimió como a él le encantaba y sonrió siniestramente donde no la podía ver.
El sexo no estaba nada mal, nada comparado con Elliot, pero no seguiría aferrada a ese imposible.
Disfrutaría mientras tanto del servicio de Thesio.
Al fin y al cabo, se lo debía al hombre, porque literalmente, el de ella iba a ser el último coño que se cogería en su vida.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...