KATHERINE
Entonces lo hice, tomando una fuerte inspiración, agarré la borla en mi mano y halé la cuerda hacia abajo.
¡Track track track!
—¡Ay! —Di un grito y un salto hacia atrás asustada, cuando cayó del techo una escalera de mano antigua, con un traqueteo aparatoso.
La nube de polvo enseguida inundó el pasillo y comencé a toser casi al punto del ahogo, abanicando con mi mano para despejar un poco el ambiente.
Al fin pude enfocarme en las alturas donde un oscuro agujero se había creado.
Daba repelús, como si en cualquier momento ojos te espiaran desde las tinieblas.
Bajé la mirada a la escalera suspendida frente a mí, los escalones se veían desgastados y las termitas pululaban corroyendo la madera.
Sin embargo, ese instinto me llevaba a explorar, como cuando seguí a Francis; magia poderosa tiraba de mi alma.
Decidí tomar el último riesgo y subir.
Puse las manos en los soportes de los bordes con un poco de asquito, levanté el botín y me aseguré de no caerme desde el primer escalón.
Comencé a trepar, poco a poco, asustada de los gemidos que hacía la madera medio podrida, el olor a decadencia y humedad me asfixiaba y se hacía peor a medida que ascendía a lo que parecía un desván.
Era muy común en las grandes mansiones, tener un sitio donde guardar trastos viejos.
—Cof, cof, cof —tosí, sacando una mano y salvando el último trecho.
Mi cabeza y parte del torso emergieron del piso de la lúgubre habitación.
Me apoyé en los codos y me impulsé de puntillas hacia arriba.
—Uf, más suciedad —mascullé molesta, palmeándome los muslos y los brazos llenos de hollín y polvo.
Entonces me centré en mis alrededores.
Como sospeché, un desván lleno de cajas y muebles tapados.
Comencé a explorarlo, me sentía inquieta.
Escuchaba ruidos raros de arrastre, de patitas corriendo, en las esquinas las ratas se movían como sombras por el suelo, trayéndome escalofríos por toda la piel.
Odiaba las ratas, sobre todo porque incluso tuve que pelear con ellas por un mendrugo de pan viejo en el sanatorio.
Mis ojos acostumbrándose a la oscuridad, pero noté que había algo de luz más adelante y me interné en el laberinto de recuerdos y cosas abandonadas.
Muchas de ellas las conocía, eran muebles de nuestra propia casa en el campo.
Mi padre parece que trasladó algunas pertenencias hacia acá.
Un chillido abrupto y algo que se acercaba a gran velocidad detrás de mí me hizo agacharme gritando y tapándome la cabeza.
Pasé mi mano por las baldas de madera, me extrañó que ni siquiera tenía polvo, suponía que porque estaba cerrado con la protección de las puertas.
¿Qué buscaba exactamente?
Me agaché para revisar los compartimentos de abajo, nada, solo algunas ropas hechas jirones.
Entonces un reflejo me hizo parpadear.
En cuclillas, subí la mirada y justo a mi altura, en el panel del fondo, algo brillaba: un punto de luz repentina, como la última chispa para llamar mi atención y luego apagarse.
Metí la mano con algo de temor y comencé a palpar.
—¡Ash! —retiré los dedos rápidamente cuando algo muy afilado me pinchó una yema.
Miré mi mano enseguida, por donde bajaba un hilo de sangre.
Apenas y había sucedido esto cuando escuché claramente un mecanismo accionarse.
En el suelo del mueble, se corrió un panel de madera a un lado y expuso un pequeño hueco oculto.
—¿Qué es este misterio por todos los cielos? —me incliné para mirar más de cerca.
Había algo almacenado en el fondo, se podía ver una silueta oscura.
Me debatía en qué hacer, hasta que tomé una decisión.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...