KATHERINE
Dudé un poco en volver a meter la mano en un sitio desconocido.
Observé la yema ya curándose.
La loca idea de que solo con mi sangre o la de mi hermana, se abriría ese escondite secreto, pasó por mi mente.
“Si ya estás sobre el burro, sigue dándole los palos”, pensé, haciendo una mueca sarcástica con la boca, mientras tomaba el último riesgo y rezaba por no perder la extremidad.
Me colé por el agujero y palpé una superficie dura y metálica, la tomé en mi mano, parecía un cofrecito, se sentía pesado mientras lo elevaba.
A través de la poca luz, de las sombras y mis pupilas estrechándose para enfocar, noté que había conseguido un pequeño joyero.
Los detalles en bronce brillaban tan hermosos, la superficie como ópalo me recordó a ese collar que le di a Elliot.
Tan concentrada estaba mirándolo que no noté el cambio en el ambiente, que la luz de la luna se apagaba detrás de las tormentas de nubes, que el aire viciado se enrarecía, que las tinieblas me acechaban.
Todo sucedió en un flashback.
Mi cuerpo tembló por completo, sentía mis ojos voltearse en blanco, mirando al techo, imágenes de revelaciones en mi mente, tantas cosas que no podía procesar.
«Una mujer de cabello castaño besándose con un hombre, rodando por una cama de sábanas blancas.
No los reconocía a ninguno de los dos.
Ella era tan feliz, sentía su dicha inundarme el alma, pero eso se convirtió en resentimiento y odio de la noche a la mañana.
Puras mentiras, toda la vida que él le inventó no existía.
Ese no era su nombre, ni vivía donde le dijo, ni era huérfano y mucho menos se casaría con ella.
La vi recibiendo una nota sin remitente, la invitaban a ir a un lugar donde nunca podría acceder una pobre moza como ella, pero lo hizo, llegó al castillo como parte de la servidumbre y ahí conoció la verdad.
Quién era él, su nombre real, su vida glamurosa y con la mujer que de verdad se casaría.
Pensó enfrentarlo, lo esperó a escondidas, tuvo la oportunidad, a solo unos metros, pero alguien la arrastró hacia la oscuridad, tapando su boca y capturándola.
La verdadera novia ya sabía de la existencia de la amante y lo que era peor, que no solo era un capricho, sino un peligro real.
Él la amaba, estaba dudando de sus compromisos por ella.
Nunca más la pobre moza vio la luz del día, metida en las frías mazmorras, torturada hasta que un día fue enviada a asesinar, pero su verdugo le tuvo tanta lástima que la dejó vivir.
Corrió, corrió tan lejos como un alma en pena, solo acompañada de su anciana madre, que moría de la angustia durante su desaparición.
Se refugiaron en los pantanos ocultos y peligrosos, temiendo el poder de la corona, en una casona vieja abandonada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...