KATHERINE
¡BAM! ¡BAM!
—¡AAAHHH! —grité presa del pánico, casi podía sentir la respiración en mi nuca, la maldit4 ventana no dejaba de batir.
Me levanté con las piernas flojas, pero corrí como una loca desquiciada, apretando el cofrecito contra mi pecho.
La luz del agujero de la salida se veía tan cerca y a la vez tan lejos.
Creí escuchar pasos persiguiéndome, las telas blancas a mi alrededor se asemejaban a manos y monstruos acechando, envolviéndome en esta maldición.
Arrojé el cofre por el hueco de la entrada y yo detrás de él.
Con los ojos cerrados en rendijas, me senté en el piso y bajé las piernas aferrándome a las escaleras, tenía miedo de ver algo justo frente a mi cara.
Su rostro, su rostro acusador, lleno de odio y sed de venganza.
Mi pie resbaló en mi afán de casi arrojarme para escapar, uno de los peldaños se quebró a la mitad.
Me sostuve con las uñas a la madera buscando estabilidad, pero la sensación de caer al vacío inundó mis sentidos.
Manoteé a la nada, con desesperación, abrí los ojos para solo ver el cuadrado oscuro del desván observándome desde las alturas.
Grité preparándome para el impacto que nunca llegó.
— ¡AAAHHH!
—¡Katherine! —el rugido de Elliot penetró la nebulosa de mi mente.
Mi espalda impactó contra un fuerte pecho y brazos poderosos me atraparon en el aire.
—¡Vorath! —grité al descubrir que era mi lycan, me aferré a él llorando, mi cabeza aún llena de fragmentos oscuros, de sentimientos que no me pertenecían.
“Cariño, tranquila, tranquila pequeña, ya estás a salvo, ya estás a salvo” —me apretó contra él, sus palabras lobunas calmaban mis nervios a flor de piel.
Suaves caricias cayeron en mis mejillas, limpiando mis lágrimas.
“Mi amor, ¿qué sucedió, Kath? No tengas miedo, cálmate, ¿hay algo mal en ese sitio?, lo revisaremos…”
—¡NO! —me erguí enseguida, agarrando su enorme cabeza peluda y mirándolo directo a los ojos como rubíes llenos de preocupación.
—. No subas, ese sitio tiene muchas cosas malas, ¡no subas!
“Está bien, no lo haremos cariño, tranquila” me aseguró, y me sentí más aliviada.
Sabía que todo se trataba de una ilusión, tanto resentimiento dejado atrás, mezclado con magia, pero se sintió tan real, tan horrible.
Sorbí mis lágrimas, controlando los temblores de mi cuerpo, aferrándome a él y hundiendo mi rostro en el suave collar de pelaje de su cuello.
Sus pasos retumbaron alejándonos de ese pasillo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...