KATHERINE
— Es… espera Vorath… — intenté alejarme al escucharlo resoplar contra mi sensible piel.
Sus brazos posesivos se cerraron más sobre mi cuerpo.
“¿Cuándo vamos a jugar de nuevo como hoy, Kath? Prometo no hacértelo brusco, nena. Te voy a montar lento y bien delicioso… mmm”
Sus dientes acariciaban peligrosamente mis pezones, que ya despertaban excitados.
Su cuerpo entero exudaba un calor abrazador y embriagante bergamota.
“Te voy a penetrar cada vez más profundo. Mi forma animal te puede dar tanto placer, sé que te gustó pequeña… y preñarte es más fácil…”
Su mano bajo mis nalgas se apretaba, amasándome con descaro, la otra sostenía la curva de mi espalda mientras su cabeza se perdía en mi escote.
Siseé con la calentura cosquilleando en mi vientre, apretando los puños sobre su pelaje, pero no podía dejarme llevar de nuevo por los instintos primitivos de nuestro lazo.
Abrí la boca para coordinar palabras, pero alguien más se me adelantó:
“¡Oye, condenado lobo, deja de estar queriendo embaucar a mi mujer justo en mi cara!” Elliot rugió molesto.
Era obvio que Vorath todo lo que proponía era entre él y yo, como si no fuese igual una parte de Elliot.
“¡ES MÍA! Ni siquiera puedes alimentarla en la naturaleza, ¡inútil!”, le respondió igual entre gruñidos fieros.
“¡Soy un maldito Duque millonario! ¡¿Para qué quiero cazar un ciervo si puedo pagarle a otro y que haga el trabajo duro?!” Elliot también perdió la compostura.
“¡Así no se conquista a una hembra!, ¡flojo! ¡Cariño dile que yo soy mejor! ¡No lo necesitas para nada, incluso mi miembro es más grande!”
“¡VORATH!”
Mi lycan se olvidó de sonsacarme y comenzaron a discutir abiertamente sin poderse contener más.
Empecé a sonreír por su tonto intercambio.
Pero luego me dieron tanta risa todos los trapos sucios que se estaban sacando, que pasé a las carcajadas con lágrimas y todo.
Resonaron en todo el patio, desestresándome por completo.
Ellos y Lavinia, eran la mejor medicina para mi mente.
“¿Alguna vez habías visto a una hembra tan hermosa?”
“Jamás, nunca en mi vida”
Los escuché murmurar y tosí avergonzada, atragantándome con mi propio desparpajo.
Me sentí tímida de repente, ahora que ya no se insultaban y solo me miraban fijamente, como dos acosadores seriales.
—Bueno, les daré luego sus recompensas… ¡a los dos! —detuve la competencia.
Juro que vi brillar algo peligroso en el fondo de los ojos lobunos, relamiéndose los caninos puntiagudos.
¿Me sentía como un filete que entraría en su boca en cualquier momento?
“Puedes estar segura de que te devoraré por completo”.
—Ejem —tosí, mirando al lado, obviando que había leído mis pensamientos y yo escuchado sus insinuaciones descaradas.
—Preparemos el ciervo para una barbacoa, también hay que cortar la leña —me puse en plan doñita de la casa.
Me sentó con cuidado sobre un tocón seco de madera e hizo una fogata cerca para calentarnos, prendiéndola con las cerillas dejadas en la cocina.
No me dejó hacer nada, solo mirándolo ocupado.
Decidí contarle lo que me sucedió mientras cortaba la leña y descuartizaba la carne.
Miraba los músculos enormes flexionados, explotando con fuerza al dividir la presa.
Casi atravesó el tocón con el primer hachazo al picar la madera.
Me fui relajando por completo con su presencia protectora.
La quietud de la madrugada rodeándonos, susurros de animales venían desde el bosque.
Sentí una caricia en mi frente apartándome el cabello.
Me observó unos segundos y luego percibí la humedad de sus labios dándome un beso en la mejilla.
Se alejó con paso firme, saliendo de la habitación.
“Se ha marchado” mi loba me confirmó.
“Vamos, debemos seguirlo por el bosque hasta el lago, preparémonos a cambiar.”
“Pero Brenda, es peligroso.”
“Si te ve, pensará que eres una loba salvaje, no seas cobarde. Tenemos que averiguar qué trama Thesio, ¡no quiero sorpresas en mi plan!”
Le dije apartando la sábana de golpe y levantándome de la cama.
Me asomé en la esquina de una de las ventanas para ver la sombra del caballo pasar por entre los árboles del jardín y alejarse.
No podía perder tiempo, salí al balcón y vi las enredaderas aferradas a la fachada.
Saqué mis garras, olfateando el aire, mirando a las demás ventanas de cristales cerca, sin testigos.
Pasé las piernas por el borde del barandal de piedra y me sostuve a las duras enredaderas, bajando con la fuerza de mi loba hasta que mis pies descalzos tocaron el césped del jardín.
Corrí con la frialdad colándose por la fina camisa de dormir, que me quitaría en un momento.
Me oculté bajo la sombra de un pino cercano, abriéndome los botones y quitándome la prenda por las caderas hasta las piernas.
La dejé hecha un bulto entre la hierba y convoqué el cambio.
Enseguida, una pequeña loba blanca y caoba ocupó mi cuerpo.
Se estiró un segundo y de ahí comenzó a correr veloz por entre los matorrales, siguiendo el relincho del caballo y el galopar de los cascos rumbo al río.
Hoy me enteraría de lo que tramaba el Duque Thesio y un secreto en particular, que cambiaría todos mis planes.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...