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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 408

KATHERINE

— Es… espera Vorath… — intenté alejarme al escucharlo resoplar contra mi sensible piel.

Sus brazos posesivos se cerraron más sobre mi cuerpo.

“¿Cuándo vamos a jugar de nuevo como hoy, Kath? Prometo no hacértelo brusco, nena. Te voy a montar lento y bien delicioso… mmm”

Sus dientes acariciaban peligrosamente mis pezones, que ya despertaban excitados.

Su cuerpo entero exudaba un calor abrazador y embriagante bergamota.

“Te voy a penetrar cada vez más profundo. Mi forma animal te puede dar tanto placer, sé que te gustó pequeña… y preñarte es más fácil…”

Su mano bajo mis nalgas se apretaba, amasándome con descaro, la otra sostenía la curva de mi espalda mientras su cabeza se perdía en mi escote.

Siseé con la calentura cosquilleando en mi vientre, apretando los puños sobre su pelaje, pero no podía dejarme llevar de nuevo por los instintos primitivos de nuestro lazo.

Abrí la boca para coordinar palabras, pero alguien más se me adelantó:

“¡Oye, condenado lobo, deja de estar queriendo embaucar a mi mujer justo en mi cara!” Elliot rugió molesto.

Era obvio que Vorath todo lo que proponía era entre él y yo, como si no fuese igual una parte de Elliot.

“¡ES MÍA! Ni siquiera puedes alimentarla en la naturaleza, ¡inútil!”, le respondió igual entre gruñidos fieros.

“¡Soy un maldito Duque millonario! ¡¿Para qué quiero cazar un ciervo si puedo pagarle a otro y que haga el trabajo duro?!” Elliot también perdió la compostura.

“¡Así no se conquista a una hembra!, ¡flojo! ¡Cariño dile que yo soy mejor! ¡No lo necesitas para nada, incluso mi miembro es más grande!”

“¡VORATH!”

Mi lycan se olvidó de sonsacarme y comenzaron a discutir abiertamente sin poderse contener más.

Empecé a sonreír por su tonto intercambio.

Pero luego me dieron tanta risa todos los trapos sucios que se estaban sacando, que pasé a las carcajadas con lágrimas y todo.

Resonaron en todo el patio, desestresándome por completo.

Ellos y Lavinia, eran la mejor medicina para mi mente.

“¿Alguna vez habías visto a una hembra tan hermosa?”

“Jamás, nunca en mi vida”

Los escuché murmurar y tosí avergonzada, atragantándome con mi propio desparpajo.

Me sentí tímida de repente, ahora que ya no se insultaban y solo me miraban fijamente, como dos acosadores seriales.

—Bueno, les daré luego sus recompensas… ¡a los dos! —detuve la competencia.

Juro que vi brillar algo peligroso en el fondo de los ojos lobunos, relamiéndose los caninos puntiagudos.

¿Me sentía como un filete que entraría en su boca en cualquier momento?

“Puedes estar segura de que te devoraré por completo”.

—Ejem —tosí, mirando al lado, obviando que había leído mis pensamientos y yo escuchado sus insinuaciones descaradas.

—Preparemos el ciervo para una barbacoa, también hay que cortar la leña —me puse en plan doñita de la casa.

Me sentó con cuidado sobre un tocón seco de madera e hizo una fogata cerca para calentarnos, prendiéndola con las cerillas dejadas en la cocina.

No me dejó hacer nada, solo mirándolo ocupado.

Decidí contarle lo que me sucedió mientras cortaba la leña y descuartizaba la carne.

Miraba los músculos enormes flexionados, explotando con fuerza al dividir la presa.

Casi atravesó el tocón con el primer hachazo al picar la madera.

Me fui relajando por completo con su presencia protectora.

La quietud de la madrugada rodeándonos, susurros de animales venían desde el bosque.

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