NARRADORA
Sacó los viejos papeles de registros con retratos de los empleados.
Ese hombre en particular era el que más le interesaba, la mujer se lo señaló como el cuidador de la hermana de la Duquesa.
Alzó sus ojos con disimulo para cerciorarse, mientras más lo comparaba, más se le parecía.
¡Esto era una bendición, qué buena suerte!
Sin embargo, cuando se fue a levantar, reparó en que el hombre ya no estaba solo, lo acompañaba otro señor que llegó en algún momento.
Frunció el ceño y se volvió a acomodar, pensando en cómo abordarlo.
Necesitaba que estuviese solo, este tema era muy delicado.
Preparó incluso el dinero para sonsacarle información de su ex paciente.
Todos sus esfuerzos fueron en vano.
Los vio a ambos levantándose de la mesa y dirigirse con rapidez al exterior de la taberna.
Rosendo guardó todo en su bolsa con premura, dejó las monedas sobre la mesa y echó a correr para no perderlos de vista.
Salió por la puerta de madera de vaivén que crujía al abrirse y cerrarse bruscamente.
—¿Dónde están? ¡Maldición! —no los veía por ningún lado.
Miró a los dos extremos de la calle, anduvo un tiempo por los alrededores, preguntó a los transeúntes.
Nada, el hombre se había desvanecido en el aire.
Ese otro tipo llegó primero y le robó a su presa.
*****
Brenda se acercaba a la taberna en un carruaje discreto de su familia.
Había salido al otro día de la casa de Thesio, a pesar de que ese hombre insistía en mantenerla prisionera.
Se negó rotundamente, no se acostaría más con él hasta después de casarse.
Por un segundo creyó que él la secuestraría a la fuerza, pero el Duque cedió en última instancia, luego de su ataque de ira femenina con llanto dramático y destrucción de toda la porcelana fina de la vajilla del desayuno.
Atravesando una de las calles estrechas y poco iluminadas, el carruaje fue abordado de repente.
Brenda escuchó el relincho de los caballos, asustados, y las exclamaciones del mozo para calmar a los animales.
En un pestañeo y sin que nadie se diera cuenta, la puerta a su lado se abrió y la sombra de un hombre se dibujó en la oscuridad.
—Soy yo —Salvatore habló fríamente antes de que la mujer gritara.
¿Acaso no tenía nariz para olerlo?
Brenda lo vio ocupar el asiento frente a ella, cerrando discretamente la puerta.
El desafío en sus pupilas de loba le encantó aún más a Salvatore.
Su risa ronca y baja llenó el carruaje.
—Bien, te diré lo que tengo —se alejó de Brenda para recostarse de nuevo en su asiento y cruzar una pierna sobre la otra.
—. Haremos un plan algo arriesgado, pero desde ahora te aviso que he averiguado de tu vida y, a pesar de tus agravios, no puedes alejarte del Duque de Everhart. Él es fundamental en nuestro plan, o más bien, la Duquesa.
—¿Esa imbécil? —Brenda le dijo entre dientes, acomodándose para escuchar su genial plan.
— Sí, acabo de conocer a un amigo que me contó cosas muy interesantes de ella y no son mentiras, le hice una compulsión a su mente, todo es verdad.
Salvatore le aseguró, recordando como se rellenó después la barriga con la sangre alcoholizada de ese idiota.
No podía dejar un cabo suelto tan peligroso.
— Entonces, esto es lo que haremos…
Mientras más palabras salían de la boca del vampiro, más y más se abrían los ojos de Brenda con asombro.
Era un plan bastante loco, peligroso, desquiciado y sencillamente genial.
El corazón de la mujer loba se emocionaba ante las posibilidades, nunca había soñado con eso, no había fantaseado jamás con la completa libertad.
Incluso tenía algo de miedo. ¿Qué habría fuera de esta prisión?
¿De verdad podrían escapar del Reino Elemental?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...