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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 415

ELLIOT

—¡Me voy, me dijiste que nunca más mencionarías eso tan vergonzoso! —comenzó a forcejear para escaparse, pero la aprieto más contra mi cuerpo, riéndome de su apuro.

—No te vayas, cariño, solo fue una broma, mujer —por primera vez era yo quien me burlaba de ella.

Por Katherine había tenido que hacer tantas locuras ridículas…

—¡Tú también te dejaste! ¿Qué pobre hombre de qué?, ¡Duque lujurioso!

—Claro que me dejé —agarré su nuca y acerqué su hermoso rostro al mío, ambos agitados de reírnos, ella esquivando mi mirada intensa.

El sonrojo en su delicada piel bajando por su cuello, me daba ganas de comérmela como a una manzana.

—Y estoy desesperado porque me vuelvas a violar, mi brujita. No te puedes imaginar lo que gemía esa noche en mi interior del placer que me dabas… mmm… —calentaba su mente con todos mis vívidos recuerdos de ese día.

—Katherine, siempre me tuviste hechizado, mi hembra, desde el primer día que mis ojos se cruzaron con los tuyos —confesé la pura verdad.

No importa cuánto intenté rechazarla, resistirme, mi alma siempre la llamaba, su presencia me hacía vibrar el cuerpo entero.

Me incliné hacia su boca, capturé el labio inferior entre mis dientes, succionando con suavidad su llenura.

Mi lengua salió para lamerla eróticamente y colarse en su ardiente cavidad cuando gimió.

Delicia, pura delicia que me enloquecía. Mi lobo rugía de placer al devorarla.

Enredamos nuestra pasión en un beso abrazador, mojado, sensual y delicioso que nos tuvo con la excitación de nuevo a punto.

Diosa, tenemos que hacer tantas cosas, el castillo, el ducado entero está reformándose y aquí estamos, jadeando cachondos, tocándonos acalorados por dentro de la ropa.

Meto mi mano por los faldones y acaricio sus piernas, sus tensos muslos, en dirección a su coño, que apuesto tiene la braga llena de húmedo deseo.

Mi polla palpita bajo sus nalgas, la urgencia cruda de arrojarla sobre la mesa y follármela salvajemente inunda mi mente.

Bajo mis besos apasionados y mordidas por su cuello, la sangre ruge en sus venas como en las mías.

Mis dedos se van a colar por el borde de su prenda íntima, quiero llevarla a la locura, correrme en su caliente funda.

—No, no, Elliot, cariño, espera… ¡espera, maldit4 sea!

—Kath, no… ¡Joder, voy a morir de sobreexcitación! —le rujo algo animal cuando cierra las piernas e intenta separarse.

—Vienen hoy Aldo y su familia, aún tengo que prepararles el alojamiento, las sirvientas… ¡Debes hacer cosas! ¡Elliot, no!

Quiero maldecir a los putos cielos, joder, que ni una cogida rápida puedo tener con mi mujer.

—¡Bien! No sé cómo puedes ponerme así para luego marcharte como si nada.

La suelto algo frustrado y enojado, intento ni mirarla porque juro que si veo ese pezón que casi logré sacarle del encaje, me bestializaría en el acto.

—Cariño, no te enojes, Elliot —va a acariciar mi rostro, pero tomo sus manos en el aire.

Maldit4 sea, qué rico, ya estoy imaginándome lo que viene a continuación.

Me abro a tirones la bragueta, nada de lamiditas por encima de la ropa, ¡es imperioso follarme esa boca!

—Vaya, alguien aquí está desesperado —habla sobre la cabeza enrojecida de mi pene, que se estremece ante su aliento caliente.

—No te imaginas cuánto, nena… abre… shhh… mmm… no mucha lengüita, Kath, necesito… aahhh, joder, sí, justo eso… mmm…

Aprieto mis dientes gruñendo bajo cuando sus labios sedosos envuelven mi glande, lo chupan seductoramente, su lengua adentro recorre la uretra en círculos, liba mi presemen.

Inclino la cabeza hacia atrás siseando con lascivia. Sí, maldición, tan bueno…

Es una experta en enloquecernos, en hacerlo justo dónde y cómo me encanta.

Me tiene sudando y resoplando, su boca se hunde más en mi polla erecta que vibra entrando y saliendo, mojada, deseosa de hundirse en su garganta.

Mi mano baja y se funde en sus cabellos, me muevo hacia el borde de la silla, mis pantalones atascados en las piernas, la empujo hacia mi hombría para que me tome más profundo, casi clavado entre tanta delicia apretada.

—Sí, nena, sí, ggrr... chúpame más profundo, Kath… mmm… qué rico, más, más… Sshhh —me impulso, meneándome vigoroso, presa del deseo.

Sus gemidos amortiguados, esos ojos entrecerrados, seductores, que me observan desde abajo mientras mi mujer me mama tan rico.

Mis testículos pulsan, maldit4 sea, estoy tan cerca... tan cerca...

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